Asi que ya ves. Todo lo que puede explicar que tú y yo estemos hablando es tan complicado como sencillo.
¿Seguro?
Claro, tío.
Un balón rueda hasta el pie del chico. Lo empuja de vuelta a los chiquillos que juegan a lo lejos, en ese terreno de cemento del parque.
No hay mucha complicación. Yo expreso, tú contestas. Me cuentas, te creo. Dubitas, explico. Quizá no quiera hablar o tú no quieras escuchar, que también puede ser. El caso es que normalmente necesitamos hacerlo y nos dejamos llevar de cara, paralelamente, en sentidos opuestos... No importa hacia donde, sino que lo hagamos.
Me parece discutible.
¡Ya me entiendes! Te he dicho que por ahora sólo me refiero a hablar.
Se acercan a los niños y se sientan en un viejo banco de madera. Antes de seguir hablando, uno enciende un cigarrillo, ofreciendo otro a su compañero, que rechaza con un gesto de la mano.
Aunque tienes razón: el juego es mayor. Máxime cuando hay más gente de por medio. Hasta ahora como mucho podríamos amarnos, ignorarnos o enfadarnos con lo que nos dijéramos. Pero a veces hay público.
Señala el partido de fútbol improvisado. Un balón lento y bombeado cae en las manos de uno de los porteros. Sus compañeros, amigos y rivales, le miran.
Alguien habla y muchos escuchan, aunque sólo sea el título del mensaje.
Devuelve el balón al terreno de juego, cerca de la línea que dicta dónde termina el campo de un equipo y dónde empieza el del otro.
¿Viste? Como el balón que acaba de lanzar ese chaval. Lo siguiente es una cascada de ideas que puede que no se vea o no se sienta retumbar en la conciencia del emisor. Pero ahí está. Se genera una marea con diferentes corrientes.
Los aprendices de futbolista van como un enjambre a por el esférico.
Esas corrientes pueden ir en direcciones contrarias entre sí o incluso derivar en algunas nuevas que terminen cortando o mezclándose con esas otras básicas. Algunas serán sordas y otras muy sonadas. La cosa es que interactúan entre ellas al margen de lo que se pretenda al empezar.
El juego sigue. Los pequeños se desplazan de un lado al otro de la cancha. Un chico cae al suelo, dando paso a un griterío confuso entre los crios. Algunos gritan que ha sido falta. Otros, que ha sido penal. Unos pocos exclaman que ni una cosa, ni la otra y que todo siga como si no hubiera pasado nada.
Aunque seamos muchos, terminamos por confluir o disentir, pero en grupos. Y al final, terminan creándose reglas vivas que generan sus propios desafíos, sus propias identidades.
Un jugador trata de hacer de mediador. Le dan la razón y otros le regañan tildándole de hacer favoritismo, casi a partes iguales. Al cabo de un rato se encoge de hombros y recoge el balón. Es suyo y no le van las broncas.
Ya veo. ¿Crees que una sola voz entre los grupos podría cambiar o generar una nueva idea, sin generar una nueva corriente y, por lo tanto, sin posibilidad de volver a confluir o disentir con el resto?
El dueño del balón sale del suelo de cemento. No ha dado ninguna explicación, pero su ceño fruncido parece muy elocuente.
No, creo que no. Porque imagínate que a esa voz la ignoraran. No generaría nada nuevo en ese momento, claro. Quizá sería la única ocasión -y siempre y cuando no fuera lo suficientemente fuerte como para sostenerse por sí sola- en la que no habría un cambio significativo. Pero se queda latente y tarde o temprano, después de madurar, surge otra vez. Diferente. La semilla queda gestándose y seguro que en el futuro alguien estará interesado en escuchar esa voz que a día de hoy, quizá sea tan silenciosa que pase desapercibida.
Pero ahora imagina que no, que se le hace caso ¡Puede ser una rotura de esquemas total! Y ya solo por eso, quieras que no y quizá nunca inmediatamente, alguien se sentirá atraído.
Uno de los chicos sale corriendo tras el dueño, pone su mano en el hombro y le acompaña.
Y escuchará.
Pues qué mierda. Todo porque recibas o des una explicación ¡De hecho, sólo por existir y manifestarte!
Niega con la cabeza.
No. Puedes existir pero no manifestarte y al respecto tengo mis reservas. Pero no puedes manifestarte sin existir, y lo que opera los cambios es eso, la manifestación.
¿Es complicado, eh?
Mucho. Porque hablamos de hablar, pero no es necesario darle a la sin hueso para poder hacerlo.
Es lo bueno de comunicar.
(Gracias mil a Tony Jazz por el cable para recuperar esto que andaba perdido por el baúl de los Pendientes)