Prólogo: Algunos principios
Hablo de nosotros porque somos más de los que imaginas, tú que quizás estés leyendo esto por curiosidad o porque te están obligando en esa cuadra para críos y adolescentes que llaman colegio, entre otras muchas posibilidades.
Estamos esparcidos por el mundo.
A tu lado, en el convoy de un autobús, con algún libro de los que no leerás en tu vida; en una casita en el campo, lejos de la peste acústica que desprenden las ciudades; los que menos, tenemos hasta un cargo importante y una doble vida que compaginamos con tratar de echaros un cable en pensar y ser más independientes.
Si no te mirases el ombligo, para que se parezca al de tus colegas, entenderías de qué hablo y a quién me refiero.
Mi alimentación es tan completa, que incluso me atrevería a darte envidia diciendo que me sobran unos kilitos. Pero como tenéis la mollera carcomida por esa estúpida manía vuestra de parecer sílfides, no os diré nada que queráis oír, como que estoy feliz con mis curvas. Porque no tengo muchas, las justas y necesarias para no parecer un tocino de tamaño monárquicamente aceptable.
Que ya es mucho.
La verdad es que ahora que me paro a pensar, hablar de un nosotros está complicado. Con toda seguridad, ninguno de los otros querrá darse por aludido en estas líneas.
Así que vamos a hacer una cosa y, puesto que te acostumbran de pequeñito a no prestar mucha atención a lo que te dicen, cógelo como el global que no es.
Y en lo que a mi atuendo respecta, sólo debes pararte a imaginar a alguien que se pone lo que quiere cuando le rota. Ni más ni menos. Así que quizá puedo llevar tutú mientras escribo, como ir en cueros o simplemente llevar mi frac. Sin que deba ser domingo o haya alguna maldita boda de por medio.
En cualquier caso, lo que importa es que puede que estas sean las primeras líneas de unos cuantos millares más.
Tengo ganas de carcomeros el serrín que tenéis entre las orejas.
Lo que significa que da igual cómo sea, pero por algo hay que entrar. Poquita cosa y llegando al primer plato, señores.
Si os dejáis, puede que os divierta y os ofenda a partes iguales. Quizá en algún momento alguno de vosotros se sienta identificado.
Sólo espero, por llamarlo de alguna manera, que al terminar te pares a pensar en, por ejemplo, por qué juego con plurales y singulares.
Tengo la intención, pues, de desmenuzarte la mente.
Un poco.

