Resumiendo
A veces cumplo un pequeño ritual. Cuando no tengo muy claro qué expresar respecto a algo que, por norma, sólo me atañe a mí, cojo un libro de mi biblioteca y lo abro, comenzando a leer a partir de una página al azar. Imagino que en mil casos realmente lo que termino por leer y el significado que le atribuyo viene a ser casi anecdótico.
Pero me sirve.
Ahora voy a pegar el fragmento que salió cuando hoy busqué, tras encallarme pensando en mi -quizá no tan- pasado. Pertenece a Ahora es el momento y es parte de un momento importante de ese libro. Bueno, en cierto modo. Supongo que se puede vivir leyendo esto, pero mejor lo adelanto, para que nadie que no quiera ver el argumento chafado, se lleve el disgusto.
Cuando llegó el fin de semana, no pedí a mis padres la camioneta.
Justo lo que me pedía el cuerpo. Conducir por el Snatch Out. Dejarme ver por la ciudad.
El domingo estaba para que me atasen, fuera de mí. No podía soportarlo más, yo solo en la granja de mis pensamientos.
Llamé a Billie.
Contestó ella al teléfono.
Billie, dije, estoy hecho un lío. ¿Podemos hablar?
Silencio al otro lado de la línea.
Por un momento todo era una estúpida equivocación. Sólo teníamos que hablar y todo se aclararía.
Luego: Seamos sensatos, dijo Billie. Yo estoy embarazada y tú no eres el padre. ¿De qué vamos a hablar?¿De que soy una puta y tú imbécil?
Me iba a estallar el pecho. En el estómago, muchas flatulencias.
Billie, dije, ¿y qué hay de nuestra promesa?
¿Promesa?, dijo ella.
Que seríamos amigos, pasara lo que pasase, dije.
Otro silencio. Un silencio embarazado.
Lo siento, Rig, dijo.
Y colgó.
(...)
Fue entonces cuando caí en la cuenta. En ese instante de ser lo mismo comprendí algo que tenía mucho sentido.
Billie y yo no éramos lo mismo.
Sobre todo, ella no era "mía".
Aún mejor, yo no era de ella.
No tenía que volverme difrente para ser su amigo.
En ese momento me sentí muy solo, muy asustado, y al mismo tiempo libre.

