Yo leo cómic
Pero hoy creo que he terminado ya incómodo de todos aquellos que, cada vez que el que escribe abre un número nuevo en el metro, se le quedan mirando de hito en hito, como si acabara de soltar una flatulencia lo suficientemente vergonzosa como para asegurar el trabajo a todo Oriente Medio durante, al menos, cinco minutos.
No nos engañemos: el cómic sigue estando mal visto aunque haya esa bonita fachada de los salones y eventos multitudinarios, se anuncie por la tele, se hagan mil películas que sólo ven los adultos, o se vuelva a repartir entre los quioscos.
Mejor dicho; sigue estando mal visto que un adulto lea cómics.
Porque automáticamente pasas a ser un pseudo-adulto. Un tío -o tía- que, de repente, deja de tener fuerza o criterio suficiente porque le gusta leer algo con dibujitos, viñetitas y colores chillones o un blanco y negro espantoso.
Entonces vas, y sonríes.
Sonríes al saber, o recordar, que V de Vendetta es uno de los primeros cómics considerados realmente para adultos y que no muestra tetas, culos, sexo explícito y litros de semen.
Que Neil Gaiman, amén de los guiones, libros y cortos que ha publicado, es famosísimo gracias a, por ejemplo, sus colecciones de novelas gráficas acerca de Los Eternos.
Que los años ochenta y noventa dieron un serio revés a la industria de la basura literaria con un género en el que el buen guión y el argumento sólido cooperaban con tretas gráficas que hacían que leer adquiriera otra dimensión.
Que, actualmente, hay muchos cómics que son tan ricos en detalles, tratamientos gráficos y de guías argumentales tan ricamente definidas a nivel visual, que hacen que pararse a leer el último best-seller sea un trabajo costoso.
Que ahora mismo, un universo construido con el lenguaje de boceteado, entintado y coloreado puede ser tan rico y válido como el puramente basado en sintaxis y gramática; porque una cosa no chafa a la otra sino que se complementan.
O que, sin ir más lejos, las viñetas de Schulz, Quino, Bill Watterson o Scott Adams, están en las páginas más leídas de los periódicos.
Así que, que les jodan. Que pecadores, somos todos.

