¿Y si pudiéramos vivir para siempre?
La pregunta que ronda toda la película es: ¿Y si pudiéramos vivir para siempre?
Párate a pensar. Muy detenidamente.
¿Serías capaz de soportar la responsabilidad de vivir para siempre? ¿O preferirías caer en las cosas breves de la existencia? ¿Crees que serías capaz de olvidar? ¿Dejarías de actuar según tus preceptos, sean cuales sean, sólo por el hecho de saber que tienes la vida eterna? ¿Buscarías el suicidio sabiendo que muy probablemente sólo terminará siendo una incomodidad que, según cómo, tu cuerpo sería incapaz de superar? ¿Te ocultarías o te mostrarías?
Súmale mil millones de preguntas más.
Mi respuesta es que creo que adoptaría un papel hermitaño. Realmente es la única vía que creo posible. Si me paro a mirar el mundo, normalmente todas las direcciones consumidas son las elegidas por las que que no son capaces de cambiar.
Todo en la vida está hecho para que no dure, incluso las ideas. Y el único modo que veo es el de contínua renovación. Cenizas y renacer de todos y cada uno. Una suerte de fénix propia e individual, única para cada uno.
Pero creo que lo más importante toma sentido en esta frase que le robo a Pícara, de su post del 23 de julio:
Todos necesitamos tener a alguien a quien le importemos, que nos haga saber que no pasamos por el mundo como fantasmas, invisibles, sin dejar huella. Todos necesitamos amor, porque sin amor no somos más que extraños en el paraíso.Claro que me estoy refiriendo a cualquier tipo de amor, porque para quien haya vivido su última vida encerrado en su caparazón de preceptos incrustados, el amor también se da en la amistad.
Y vosotros, ¿qué tal llevaríais vuestra inmortalidad?

