Violet y Blue
Violet se sentía ahogar de tanto aire que cogía por la boca. Apoyó su cabeza sobre el respaldo del sofá y trató de mirar el techo a través del mar de estrellas rojas y blancas que inundaban su vista. Sentía la sangre correr por sus sienes mientras trataba de aferrarse a la realidad de la tela con sus manos huesudas.
Era todo tan sencillo que abrumaba.
Se había quedado blanco. Blue no sabía a donde mirar, así que fijó su vista al vacío mientras las lágrimas corrían por su cara. Estaba sentado con las manos flácidas entre sus piernas. El que no entendía qué pasaba ahora era él.
Pero estaba todo claro.
Durante más de dos años ella había estado buscando respuestas a la pregunta equivocada. Había recorrido su pasado buscando qué había hecho mal antes de verlo en la sala de parto. Pensaba que era imperfecta o que estaba tarada. Que sólo servía para dar vida a monstruos.
Era todo un puto espejismo.
No había nada tarado ni imperfecto salvo su prisma.
Había descargado todos sus fantasmas sobre el hijo que, a pesar de lo equivocado de su punto de vista, amaba. Sólo porque, para el resto del mundo, una criatura diferente por fuera era defectuosa de fábrica por dentro.
Que le jodan al mundo, dijo en susurro.
Porque ya no hay nada que pueda remediar el haber llamado a su hijo subnormal.
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Otra vuelta de tuerca a la historia a la historia de la Bella y la Bestia.

