Viaje a Venecia (Restando)
Su historia, plagada de movimientos a dos bandas aprovechando las alianzas con facciones orientales y occidentales, coqueteos con el cristianismo y el islam, y su particular terreno y ubicación, la encaminó a ser considerada una de las casas del arte y el comercio por excelencia.
Ésta entrada es tremendamente larga incluso para mí, así que te recomendaría, si no quieres perder mucho el tiempo, que leas sólo la negrita y sigas los enlaces.Ahora como viajero, vamos a la mía.
También te recomiendo ir a la galería de fotos en Flickr, que aunque no tiene todas las que quiero, no está tan mal.
Venecia es increíble. Quizá con una línea demasiado difusa entre lo artístico y lo turístico, pero desde cualquier punto de vista, una auténtica pasada.
Si quieres un resumen extrarrápido, lo podríamos dejar en que si te gusta sentir que el tiempo se puede agarrar con la física de las piedras, con la tranquilidad del mecerse entre el sonido del agua al chocar contra ellas, estás en el sitio adecuado. Por supuesto, si quieres sentir artesanía en estado puro, comer una pasta increíble y juguetear a mascaradas, también; pero eso era demasiado evidente, creo yo.
Pero la versión larga habla de una condensación del tiempo reteniendo el jugueteo del correr del reloj con el placer del ralentí del fluir de uno mismo. De sentir que una anciana filosofía de vida, juega contigo a mostrarte cómo puede ser de un modo paradójico, tranquilamente bulliciosa y una clásica bien adaptada a los nuevos tiempos.
Es una ciudad en la que el turismo, motor principal de la ciudad -para qué engañarnos-, debe guardarse lo justo para no apisonar el fluir artístico e histórico que lo alimenta. En la que a pesar de que los tenderos sin escrúpulos y el top manta existe, no lo encontrarás jamás por encima de las invitaciones pícaras, osadas, de los gondoleros. Que a mi modo de ver, son los únicos que pueden hacer las proposiciones que realmente cuentan.
Es limpia. Muy limpia. Aunque tenía referencias de su suciedad por los canales y desorganización por las vías, me ha sorprendido gratamente por lo contrario. Cierto es que tampoco ha hecho un calor increíble y que igual eso sí que habría ayudado a hacer que los canales desprendiesen hedor; pero lo que es a mí, no me ha tocado.
Como he comentado, también es tremendamente tranquila. Si bien el turismo es tan marcado que no es de extrañar que los pájaros se paseen por la silla de al lado cuando estés tomándote tranquilamente una cerveza, cuesta muchísimo sentirse acústicamente agobiado o escuchar algo por encima de lo soportable.
Artísticamente choca por dos flancos: Por un lado tiene una carga envolvente otorgada por la artesanía de la tela, el tratamiento del cristal, las máscaras de papel y cerámica; el ir y venir de las góndolas -y gondoleros- en silencio respetuoso o un murmullo cuidado después de conseguir alguien a quien llevar; el arte de la basílicas e iglesias, altas en bóveda, ricas en escultura de mármol y de pintura de colores vivos; y los palacios iluminados por la noche, que parecen flotar en el aire, dejándote asombrado.
Pero también está el otro lado, la dejadez por algunos monumentos, el poco cuidado de cara al turista que no quiere ir en un grupo o la falta de ensalce; como si ya se supiera que siendo Venecia como es, no hiciera falta gran cosa más. Que se sostenga por sí misma.
Tampoco puedo decirlo muy alto, porque aunque con tres días ves Venecia de sobras, no son suficientes para saborearla de arriba a abajo. Las cosas como son.
En lo referente a comunicaciones, los barcobuses (Vaporetto, boat-bus) son los reyes del cotarro con un circuito que rodea y/o pasa a través de tanto la propia Venecia como las islas de al lado. Existen los viajes en góndola que pasan por desembolsar tranquilamente 60€ y en barcotaxi (taxi-boat), lanchas que te llevan por los canales, que pueden salir por el mismo precio que una góndola.
Así que aunque no os lo creáis, la vía más sensata es ir andando. Quizá es un poco más lioso y cansado, pero la magia de los callejones es impagable y descubrir los entresijos de la ciudad poco a poco ayuda a comprender qué la hace tan especial.
Si de comida hablamos, es para agarrarse los machos. Un menú estándar en Venecia no es tan diferente a uno en España en el precio, pero sí en el contenido. Para empezar se te suele cobrar el cubierto, cosa que igual es normal, pero yo diría que debe ser algo común sólo en sitios de excesivo turismo. Por si se los llevan. Como el cánon de la SGAE, vaya. Un menú en un restaurante cutrecillo te sale por aproximadamente 15€. Cogiendo los platos individualmente, un tramezzino era difícil que bajase de los 3€, una pizza no bajaba ni por asomo de los 7,50€ y los platos de pasta siempre andaban por encima de los 8€. Las bebidas, a 3€ por norma general, se pueden disparar hasta llegar a los 3,5€ por 33 cl de cerveza, llegando a los 10€ de 66cl.
Se puede afirmar sin miedo alguno que lo más caro de Venecia es la comida. Que sabe como Dios, vale. Pero es lo más caro con diferencia.
El Hotel Reiter, de dos estrellas y ubicado en la isla cercana de Lido, costó 30€ para la fin de semana, 20€ para entre semana. De lo más baratito, vaya.
Pero la cosa se considera más barata al comentar que esta isla es prácticamente residencial en su totalidad, aprovechando el tirón del turismo con acierto en su excelente comunicación. De noche, y sólo a partir de la una hasta las seis, pasan barcos cada cuarenta minutos; el resto de día el goteo es constante.
Además Lido es la zona más tranquila del conjunto, más aún que Murano. Paseándose, los árboles van desvelando poco a poco edificios de más de doscientos años en perfecto estado ricos en detalles, como el Casino que anteriormente había sido una fortaleza, con las paredes decoradas con un mosaico de colores que pone los pelos de punta al verlo por primera vez.
Y hablando de Murano. Es un pueblecito famoso por su cristal. De hecho, en Venecia es tremendamente difícil encontrar un anillo de plata, porque lo que es asunto de souvenir, decoración y pequeño detalle es todo cristal. Veteado, coloreado, fragmentado, contundente, delicado, con formas pulidas, toscas... cualquier clase de figura u objeto de cristal que puedas imaginar lo tendrás gracias al Cristal de Murano, que por lo visto -y sé que igual pareceré un inculto-, es de lo más famoso (y caro). ¡Eso me pasa por no gustarme normalmente el cristal!
Como pueblo, Murano es tremendamente monocromo, gris y marrón clarito y el verde de sus canales; pero la gente se empeña en darle color con ganas. Las mesas de las terrazas de Murano suelen tener colores vivos rompiendo el esquema que puedes contemplar en un domingo soso o el pesar de un día lluvioso. Y la gente de Murano, es algo similar en la sociedad Veneciana. Aunque de eso hablaré en un rato.
Algo de lo que me arrepiento, es de no haber podido entrar en la Iglesia de Santa María y San Donato, porque realmente la estructura exterior tenía una pinta increíble. Cosas de querer verlo todo.
Pasando, como decía, a la gente de Venecia, se pueden dividir en dos clases: Comerciantes y No-Comerciantes. O lo que es lo mismo: bordes de tomo y lomo y gente la mar de agradable.
Si algo no me ha gustado de Venecia es eso, la gente que da la cara al mundo. Aunque pensándolo bien, si yo tuviese que plantearme la vida en el sector del turismo, con cientos de personas que crucen las puertas de mi negocio cada día probablemente a cada cuál más cargante, también estaría de malas pulgas.
La gente de a pie, sin embargo, son tremendamente cálidos. En el tropiezo, en el indicar, en las relaciones interpersonales. Se hacen sencillos de acercar y hablar con alguien te hace sentir bien, aunque odies a la humanidad en general. No es que se preocupen por tí, creo yo. Pero tampoco ganan nada poniéndose cabezones y bordes, supongo. Lo que sí hay que puntualizar, es que irse de fiesta por Venecia puede ser árduo a menos que no seas ya del lugar. No por nada, sino porque se acaba la juerga pronto. O la terminamos nosotros tarde, según se vea. Pero ésta es una historia que merece ser contada en otra ocasión, junto con unas poquitas cosas que guardo con un montón de cariño y que no quisiera explicar de un modo tan rápido.
Resumiendo: Es una ciudad increíble, con una extraña mezcla entre clasicismo y el amoldarse a los tiempos modernos, que te puedes tomar por ambos lados.

