Secuelas
Yo tampoco. Pero intuyo que sí. Hay cosas que se llevan y se destilan.
—No, claro, pero ya me entiendes.— baja los párpados sobre los ojos azules, preciosos, con ese gesto suyo tan elocuente.
Miento: La verdad es que no.
—Él dice que por su parte sí, y que ve que por la mía, también. Pero que ni él ni yo podemos poner la mano en el fuego.— se queda por un momento mirando el titilar de una vela mientras pienso que sí la pone, que es un tío listo.— Yo sé que él sí será un buen padre.
Ella también es chica ágil.
—¿Y tú por qué no una buena madre?
—Porque... no sé... Ya sabes, siempre he sido muy feliz, he ido muy a la mía.— da un sorbo.— Además, recuerda que hasta hace poco no las tenía todas conmigo. Y aún ahora lo pienso, pero llega un momento en el que te cuestionas tu papel en todo el asunto ¿sabes?
—O te lo hacen cuestionar.
—¡Sois unos cucufatos!
Sonrío y doy un sorbo a mi black russian.
Creo que si no hubiéramos coincidido, este paso se habría dado igual. Que nuestro encuentro, en el fondo, no es tan importante para el hilo de los acontecimientos, porque habrían terminado dándose. Y sin embargo, me gusta poder decir que puse mi granito de arena.
Me alegra inmensamente estar anotado al margen, en la precuela de una historia por empezar.

