Registros
Y qué vertigo da eso cuando no queda más que caer ante la evidencia.
El pasado, el nuestro y el que compartimos con otros, se graba a fuego en el corazón. Y a veces, no sabes muy bien cómo, vagueando con el pensamiento, terminas llegando a los escritos de la memoria de los que se cruzaron contigo.
Es en ese momento cuando el pasado te abofetea y te recuerda que siempre queda alguna pregunta sin responder decentemente.
Una de ellas, recurrente, directa o no, es la de si queremos que alguien se esfume de nuestra vida.
Si ahora tú y yo estuviéramos tomando un café y me interrogaras al respecto, frunciría el ceño, me quedaría en silencio unos segundos y entonces te diría que no puedo querer algo que no voy a poder evitar.
No por no quererlo, sino porque eso sólo iba a dificultarme aceptar que si me estás haciendo esa pregunta es que no lo vas a poder hacer nunca, a menos que no hayamos compartido ni este café (en cuyo caso, seguramente, no me harás esta pregunta a menos que estés destinado o destinada a alguna película muy, muy romántica y nuestro guionista sea muy, muy malo).
No puedo querer sacrificar una parte de mí, porque yo mismo dejaría de tener sentido.
Es por eso que no puedo querer o no querer algo así como quien quiere dejar de sentir un dolor de estómago o una mala racha.
Y quizá éste no es el mejor modo, y seguramente termine volviendo a responder esto.
No a las mismas personas, pero sí a los mismos fantasmas.

