Hacktivate Your Mind ! v9.0

Ratón de biblioteca

Eran tres chicos y dos chicas. Un grupo de esos en los que hay dos estúpidos, con ojos vacíos y piel aceitosa, que no pueden meter mano a una chica mientras el macho alfa de la manada tiene dos para él. Líder que, por cierto, lucía orgulloso su cara de cerdo con un peinado de cenicero como corona. Fue el primer corte de pelo idiotizante que recuerdo. Ellas parecían hermanas, con sus cinturones sosteniendo unos pantalones que intentaban marcar un culo inexistente.

Siempre me han gustado las bibliotecas. Sitios tranquilos con casi todos los libros que uno pueda querer en un ambiente sereno. Pero además, esa tenía unos pufs de tela con algunas viñetas memorables de Asterix, Mortadelo y Filemón, Tintín y Zipi y Zape sobre un césped de moqueta verde. Era un sitio cojonudo para empujar a leer lo que fuera, si no tenías demasiados años, y me encantaba pasar las tardes entre sus paredes blancas con estanterías larguísimas.

Pero allí estaban ellos hablando en voz alta, interfiriendo con sus risitas de subnormal preadolescente cualquier intento de leer, estudiar, trabajar o lo que fuera que hicieran las otras personas que permanecían, calladas y grises.

Mi bibliotecaria era una mujer que rezumaba orden por todos sus poros. Canosa y con manos de bruja –buena, pero bruja al fin y al cabo–, tenía la costumbre de mirarte por encima de sus gafas de pasta para decirte cuándo tenías que devolver lo que cogías o que llevabas veinte minutos de retraso. Sólo la vi sonreír una vez en todos los años que estuve visitándola.

Siseó en un par de ocasiones, apoyada por algunas réplicas entre los presentes. Luego se levantó, caminó hasta la mesa de los energúmenos y les llamó la atención en voz baja, como hacen las mejores en su profesión. Erguida en sus casi dos metros, suspiró agria cuando los niñatos la mandaron callar. La vi volver a su puesto con toda la dignidad de la que fue capaz con un hematoma humillante en su aura.

Esos tíos estaban jodiendo mi biblioteca y a mi bibliotecaria. Mi santuario.
Subió una contracción desde el estómago para apilarse en mi garganta, con la adrenalina haciendo que temblara entero. Aparté El Ponche de los Deseos y metí mis manos en los bolsillos para que no se me viera el tembleque. Caminé hacia la mesa del sacrilegio.

Eh, vosotros ¿queréis callar, por favor?
El cabeza de cenicero gruñó. Uuuh... ¿y por qué?

Cuando tienes ocho años, ciertas preguntas te apabullan. Cuando tienes la verdad contigo, no importa tu edad.

Porque esto es una Biblioteca.
¿Y por qué no te callas tú?
Porque eres un gallito.

Contesté con todo el aplomo posible, consciente de estar ganándome el mayor revés de la historia del cine. Me sudaban las manos y escuché el estrépito de miles de ladrillos cayendo por mi torso al cruzar miradas con las personas de las mesas cercanas.

Vale, dijo. ¿Y si no me callo?
Tendrás que irte, concluí.

Una chica que iba a pasar entre nosotros paró antes de ser desintegrada por la tensión.

¿Porque lo digan las normas?
No, porque eres molesto y no te queremos aquí.

Volví al puf, intentando que mis pies pisaran donde decía que lo hicieran.

Un par de minutos después, en su camino a la salida, se pararon ante mí. El cerdo me miró con la nariz arrugada. Le devolví una mirada neutra con el pulso pegándome todavía en la papada. Pateó mi puf y se marchó. En cuanto se cerró la puerta con el sonido metálico de la cerradura, el aire circuló por la sala. La observé como si, de repente, fuera otra. Olor a libros recién llegados y viejos, a tinta y páginas. Los colores vivos de cientos de lomos y portadas. Sonidos tímidos remitiendo a sus frecuencias.

El silencio, nuevo y único.
Como la sonrisa de mi bruja buena.
may 11, 18:12 bajo ,

Sabia decisión la tuya.

Yo no hubiera sido tan cortés.

A veces hay que usar el poder de las palabras en voz alta (los gritos) y ver cómo se apabullan con palabras.

Tas    lunes mayo 11, 2009    #

Con ocho años no puedes esperar que hiciera gran cosa más que ser cortés.

Y prenderles fuego habría sido temerario, con tanto libro cerca.

Otacon    martes mayo 12, 2009    #

Ñam, fantástica biblioteca, y fantástica historia. Aunque estoy que me como mis propios muñones del estrés examentil (Jiejie) has hecho que me ría.

Bien plasmado.

Mhina    martes mayo 12, 2009    #

Las bibliotecas son mundos aparte, diría casi que el mundo del intercambio, y no siempre hacia bien…

La biblioteca que describes es la de mis sueños! Y eso que estoy un poquitín harta de ellas :P

Iris    miércoles mayo 13, 2009    #

Las bibliotecas deberían ser capaces de despertar una sensación mágica a cualquier niño =P

Otacon    jueves mayo 14, 2009    #

comentarios desactivados para este artículo