¿Por qué cerrar un blog?
Tener que pensar un tema nuevo, plantear un nuevo reto, estar actualizado, mantenerte activo mentalmente. Son cosas que pueden hacer que la tarea de escribir termine por parecer en exceso rutinaria y, lo que es más grave, ordinaria. Es justo lo que sucede cuando el proceso de publicación se vuelve antinatural durante demasiado tiempo.
Me cuesta mantener los enlaces actualizados, seguir la discusión del día a lo largo de mil conversaciones cruzadas en cien weblogs, o estar al tanto de todos aquellos comentarios que he ido dejando o me han ido dejando. Tanto es así, que muchas veces prefiero enviar un correo, hacer una llamada o enviar un mensaje de texto antes que dejar o contestar un comentario.
Algún purista habrá que se lleve las manos a la cabeza, ponga el grito en el cielo y me llame autor degenerado que no tiene a bien cuidar sus visitas.
Bueno, pues tendrá que agenciarse apoyabrazos, cuidarse esa garganta y buscar sinónimos que me descalifiquen, pero el ritmo de actualización lo mantengo como siento que surge. Por eso sigue existiendo Hacktivate Your Mind !.
Es lo que hace que siempre prefiera weblogs y sites que actualicen cuando les venga en gana aunque, por supuesto, uno alaba el trabajo diario de gente como Microsiervos. Seguramente para ellos su ritmo sea precisamente ese, el de un constante crear, informar, entretener y compartir. ¡Bien por ellos, que fluyen tan a borbotones para y por este entorno!
Tener esa capacidad de una curiosidad que día tras día se demuestra capaz de sacar cosas del cotidiano -y no tan cotidiano- al mundo, es otra cara que hay que cuidar. Es a lo que me refería antes con mantenerse activo intelectualmente. Si te quedas sin cosas de las que hablar dejarás de mantener tu rincón. Suena de cajón, pero es el pilar si hablamos de actualización contínua, porque lo hacemos de estar tensando la cuerda por los otros.
Eso puede ser otro motivo para echarle el candado a esto.
¿Entonces qué hacer?
Comentar y criticar puede ser una buena forma de ir sacando agua del pozo de las cosas interesantes. Si bien hay que tener en cuenta que, sin control, terminarás siendo de los que día a día se limitan a hablar de lo que otros hablan, comentando lo ya compartido en mil sitios. Puedes hacer un comentario más rico, ampliarlo con mucha información circundante y, en definitiva, cuidar eso que a priori es una coletilla para convertirlo en algo con cuerpo propio. Recuerda esto: si no creas de algún modo, terminarás dándote cuenta de que escribes para nada.
Estos puntos son, claramente, pequeñas cosas que realmente te afectan como autor. Es una cuestión de disciplina, práctica e inventiva. Una combinación que en la práctica sea capaz de darte una calidad de retroalimentación suficientemente buena para no pensar que mantienes un contenido vacío.
Un lorem ipsum.
Pero pongamos que sí, que eres de los -o las- que hacen los deberes. Trabajas todos los días y llevas una doble vida en la que, mientras el mundo cree que eres normal, tu cerebro mantiene en su particular cueva oscura un constante rodar de engranajes que van maquinando un artículo para esta noche. Lo piensas, plasmas, retocas y publicas.
Pasan los minutos y las horas y, cuando te levantas por la mañana del día siguiente resulta que hay cuatro descerebrados que se han encargado de hacer de tus horas de reflexión, redacción y trabajo, un nido de discordia. Insultan, degradan, critican zafiamente y esculpen mal rollo con una facilidad tan pasmosa que al principio puede hacerte hasta sonreír, pero a medida que el cáncer avanza, querrás tomar cartas en el asunto. Es otro punto que, como cualquier otro, puede hacer que quieras acabar con tu carrera como blogger y, probablemente, incluso como articulista.
Los ya mencionados Microsiervos, o Boing Boing desactivaron hace mucho los comentarios. Otros instalan diferentes añadidos a sus gestores de contenido para evitar el spam. Muchos, los más, dejan de escribir y se sienten frustrados por la cretinidad con la que han visto recompensado su esfuerzo.
Llegado ese punto, muchos empiezan a pensar en volver, que no es tan grave, que se puede sobrellevar. Normalmente, cuando eso sucede, lo hace tras una época en la que han dejado de lado estas formas de trabajar. Van, se sientan, ponen las manos en el teclado, y comienzan a darle a la tecla. Cuando van por la décima línea les llama un amigo.
-¿Qué pasa, fiera?¡Oye, me han dicho que hay un pub nuevo con una camarera increíble que...!
Salen, hacen vida social, llegan a casa y se sientan a la una de la mañana de un miércoles, con un inicio de melopea interesante, apestando a bar de mala muerte y con una pantalla cegadoramente blanca con un cursor negro parpadeando frente a sus ojos rojos entornados.
Resoplan y apagan el sistema.
Esta vez fue el zumo de cebada. Mañana será el novio. Pasado será una sesión de cine. Otro día un amigo con ganas de morderse las venas. El fin de semana una despedida de soltero. Y el lunes, raid con el clan de World of Warcraft, que si no no suma puntos DKP.
Y así, poco a poco, ese repunte se queda en agua de borrajas.
A menos que haya realmente ganas.
Así que ale, uno logra sobreponerse a la perrería de escribir todos los días, a dejar de salir alguna vez porque tiene ganas de crear y darle al mundo un fruto que en menos de lo que dura una siesta larga va a tener algún troll, a hacerse uno con el universo cada vez que se plantea sobre qué escribirá mañana.
En definitiva, uno se lanza de una vez por todas al blogger que siempre quiso ser...
...Contando su vida.
Lleva unos meses en la brecha y de repente uno de sus amigos, o su novia, o su tío, comienza a distanciarse o gruñirle más de la cuenta. Peor aún, le monta el numerito en el portal de casa, en un parquecito o en el centro comercial.
¿Que por qué alguien haría algo así? Por algo que apareció en la Red de redes, el Pecado Capital.
Borrado masivo de artículos, semanas de lucha encarnizada a ambos lados de la mesa y miradas de odio que se disiparán sólo tras sacrificios de sangre con cerdos y vírgenes. Todo porque tu amigo leyó la cogorza de hace dos meses, tu novia se enteró de cómo te miraba la pájara de la discoteca o tu tío quería que le hubieras dicho (realmente, repetido) que no tenía ni idea de arte pop.
Trivialidades.
O quizá, porque llegas a herir la sensibilidad de tu amigo porque has dicho que era un calzonazos, tu novia siente que le falta el aire al leer cómo te trajinaste a la torda puesta de speed o tu tío se podía haber ahorrado el disgusto de leer que te está defraudando.
Problemas.
Lo malo de tener un sitio expuesto a todo el público, es que si quieres hacerlo privado, vas a tener que comprarte uno de esos cuadernitos con candado, hojitas, florecitas, que se escriben con lápiz o bolígrafo (opcional el uso de pintalabios y brocha gorda) y tienen el dibujo de una muñeca de porcelana enmarcado en un óvalo bajo el explícito título de Mi diario. Y no hay tu tía.
Habla de lo que quieras en tu espacio sin rozar lo realmente personal, si eso afecta a otros. Tu vida, tus pensamientos, tus reflexiones pueden plasmarse de mil modos y destilarse de lo que escribes. Al final, de hecho es muchísimo más divertido así. Pero no pierdas el norte pensando que retratar a pies juntillas tu vida y los que tienes cerca será el mejor contenido para tu weblog.
Porque de todas las causas posibles para cerrar un blog, hacer daño a alguien de tu entorno con él es, de lejos, la más triste.

