Está bien. Lo admito. La intuición no tiene la solución para todas las cosas.
Es una de las cosas que aprendí cuando, hace unos años, me moví a Madrid y frente a un estanque, con el Palacio de Cristal a mis espaldas, me obligaba a aprenderlo viendo una pulsera dar vueltas, nerviosa, sin saber cuándo parar y hacia donde hacerlo.
A veces, cuando el mundo parece girar muy rápido, es la solución más clara y más útil. Tiramos de intuición, dejando que esa vocecilla que parece salir de algún lugar entre las meninges y la campanilla o de un sitio de detrás del corazón nos guíe y entonces, sale bien.
Sin embargo, hay ocasiones en las que el mundo no sólo gira rápido, sino además en demasiadas direcciones a la vez, haciendo de tu garganta un nudo y de tu pecho un tambor. Son situaciones en las que la intuición, por muy fina que siempre vaya, apenas podemos escucharla. Y no siempre tenemos a alguien al lado para que nos eche una mano, con un consejo adecuado.
Es en esa clase de momentos cuando uno se sienta en la mesa de una cafetería, al lado de la ventana que da a la calle, con un café irlandés entre las manos (o uno con leche, un suizo, lo que se quiera) y a golpe de blues, jazz o lo que tenga a bien poner el reproductor, ir haciendo balance de las cosas. Esas listas en las que sólo entran las cosas por un orden tan sencillo como lo que mejor le sienta a uno, de mayor a menor. Incluso poniendo varias de esas cosas, buenas o malas, al mismo nivel que otras, si fuera necesario.
Y luego, proceder.
Salvando lo bueno, reparando lo reparable y mandando al cuerno lo perdido.
La intuición.
¿Hay algo mejor que aprender a pagar cada vez que desconfiamos de ella?
Hermanito, creo que la intuición no es otra cosa que la mezcla de todo lo que ya sabemos y tenemos interiorizado, de una forma tan pura que nisiquiera necesita verbalizarse a nuestra mente consciente en forma de discursito mental.
Es una sensación a la que hemos de hacer caso.
Cuando me veo en el torbellino del que hablas, ese en el que te es difícil escucharla, dejo de escuchar y me pongo en movimiento. Eso deja mucho sitio para que lo que la intuición nos intenta decir se manifieste.
Si luego ya queremos ordenarlo, o justificárselo a la mente consciente, utilizando listas o balance de pros y contras, perfecto pero, por lo que yo sé, gran parte de los errores que cometemos son más por no escucharla que por hacerlo.
Así que, al cuerno todo.
Hablamos, man.
— Tony miércoles abril 4, 2007 #
¡Oh, mierda! Entre las prisas, el sueño y andar con mil cosas a la vez perdí la respuesta.
¡Lo que faltaba, encima de mal y tarde, perdida por una errata!
Disculpen, señores, pero he estado una semana incomunicado casi totalmente. Prometo hacerme un hueco entre hoy y mañana y, en compensación, responder decentemente.
¡Tengan un feliz día! =P
— Otacon jueves abril 5, 2007 #
Reject, a veces juraría que, por tu culpa, la vida se aligera mucho más de lo necesario en mi perspectiva. ¡Me encanta!
Eva, la verdad es que no sé muy bien a qué te refieres. En cualquier caso, suena bien que te guste leerme =D
Igual, saber que son ciclos consuela un poco. Tanto como podría desconsolar cuando los ciclos te tienen en ese momento álgido. Al final, entonces, el consuelo (o desconsuelo) se convierte en antagonista de lo que hay. Y cómplice.
En definitiva, una pescadilla que se muerde la cola! Habrá que mirarlo con calma, señorita Marta-ahora-con-muchos-puntos =P
Entonces, Lilith y Apokh, sentémonos en uno de esos sillones mullidos que parece que te encierren en un microcosmos, acompañándonos un buen café y dejemos que los silencios y el orden se lo monten a la suya. Quizá, hablando mucho.
Y hermano mayor, sabes bien que pienso, como tú, que no hacerle caso es la mejor (y más puta) de las maneras de aprender.
Aunque admito que moverse por moverse, es algo que a mí, personalmente, no me sale muy bien. Pero está claro que sin eso, la intuición no puede guiarnos ni un mísero carajo.
¡Nos leemos, señores!
— Otacon viernes abril 6, 2007 #