Hacktivate Your Mind ! v9.0

Máquinas

—Eres un cabrón.

Una constatación de lo que, en efecto, parecía ser. Dió un portazo y se giró, enfadado, dándose la vuelta para volver a encararse al malnacido. Habían sido amigo. ¿Cuatro años?¿Cinco? Ni se acordaba. Y al final, se lo pagaba así, con desganas y largas. Sus ojos marrones, ensombrecidos por la mirada herida, se clavaban en la nuca que pertenecía al que ahora, era poco más que un desconocido con un pasado ligado al suyo.
—No lo entiendo ¡Joder!—dió un paso adelante— ¿A qué viene tanto misterio y tanta mierda de esa?¿Ya no tienes sentimientos o te los robó aquella furcia?

El otro movió lentamente su cabeza, negando mientras daba una calada. El humo que subía al salir, no lograba empañar esa mirada clara de ojos verdes, ausente, quirúrjica. Cerró de nuevo la boca abierta, como evitando gastar las energías que iba a necesitar para salir de ahí sin romperse más de lo necesario. Mantener el alma cosida cuando todo se ha terminado es un trabajo árduo. Giró llevándose el cigarrillo a la boca para encararse a aquel que, aunque no lo supiera, tenía toda su confianza aún a sabiendas de que no podría ser algo recíproco.

Sus miradas se encontraron cuando comenzó a hablar, lenta y cautamente, quitándose el cigarrito de la boca. Es obvio, comenzó, que no lo entiendes; como lo es que no tiene la culpa nadie o acaso, y siempre en última instancia, yo. Consultó su reloj y llevó la mano al bolsillo. No todo el mundo tiene facilidades, siguió, y menos aún los que jugamos todas y cada una de nuestras cartas en misiones que, a veces, son causas perdidas. Es una forma de vivir arriesgada, recuérdalo. Entornó los ojos, como apremiando a recordar. Todo en la vida lo era, hasta que, del mismo modo, tú preferiste —o quizá lograste—, quedarte más quieto, estático.

—Estable.—dijo, de repente— A eso se le llama estar estable, tío.
Si en algún momento el mundo se ha empeñado en ser marco de algo, ése no fue el momento. Pero una oportuna brisa nocturna les pareció, a cada uno, ser motivo de un frío repentino y que, por supuesto, no iban a confesar no exactamente para evitar distracción, sino por una cuestión de orgullo.
—Incluso en el objeto más estable que puedas imaginar, la vibración atómica es intensa. No creas, entonces, que es una cuestión de celos u otra estupidez relacionada con la amistad. —dio otra calada, iluminando débilmente con un resplandor rojizo sus ojos, casi como a un diablo— No tiene nada que ver, directamente. Tómalo como que tú has encontrado la causa perdida que puedes salvar, quedándote bagaje para hacer mil cosas más, si quisieras. Entre ellas, obviamente, está perder el tiempo pensando en mí, en esto, o en lo que quieras relacionar conmigo solo porque realmente has olvidado que un día tú también estabas... Ya sabes, ocupado.

Hay cosas que no pueden tomarse de mejor modo que como un puñetazo en la boca del estómago. Lo que suele venir después es, por tanto, más bien una cuestión de devolución, en cualquier medida. ¡Eres un bastardo! —esta era una de esas réplicas— Me acusas de ser feliz, de tener todo lo que he buscado. De no tener que preocuparme sobre algo que parece a medio camino entre lo lejano y lo posible. De tener la certeza de que todo está bien.

La negación lenta y corta, con ese ademán seco de los que están convencidos de algo, no por asuntos de fe, sino por cuestiones de experiencia, hizo acallar la vomitera. Si fuera así, si todo se limitara a envidia, dijo, tú serías mi causa perdida, entonces. Si todo lo tuvieras tú, si eso que dices tener fuera lo que yo busco, entonces no dudes que serías mi objetivo, además de mi amigo. Quizá no un objetivo al que eliminar o con el que congraciarse, pero sí posiblemente uno al que superar. La brasa volvió a prender y el tono conciliador de un hermano mayor, de un padre, o quizá un poco de ambos, continuó diciendo que tranquilo, pues, y observa que no es eso lo que sucede. No es algo en lo que tú, dijo levantando una mano, o yo, y liberó la otra, nivelándola, sosteniendo el cigarro con los labios, estemos compitiendo ¿sabes? Es más bien una divergencia de caminos, que tuvieron un momento de unión, pero que siempre han sido parabólicos el uno con el otro, si no por ésto, por vete tú a saber qué. E hizo el movimiento, de abajo a arriba, del centro de una clepsidra.
—Lo peor es que tú te piensas que niego, que me olvido, que no consta ni cuenta lo que esos caminos compartieron, negándote a tí en esa presunción que, por cierto, me hiere.—Recuperó el cigarrillo y lo apagó en el suelo mientras se acercaba al otro.— Cúlpame de abandonarte; pero jamás digas, de mí o de nadie, que por eso fuiste menos. Puedes señalarme con el dedo ahora, pero no mañana ni ayer, porque todo eso son promesas y recuerdos, que no son tangibles nunca.
—No me vale.

Se miraron en la oscuridad, con la brisa que ahora se sentía torpe, con los pensamientos encendidos. Porque ya lo tienes todo, respondió. Porque no necesitas nada. Si realmente te hiciera falta, no pondrías, como condicional, que ahora debería estar cumpliéndose para que tú lo sintieras así. Trabajarías por ello y lucharías, como no lo has hecho antes. Si yo soy culpable, entonces con esto tú también lo eres. No juzgues al vago cuando tú eres el perro, decíamos. Éso solo lo hacen los que no se conocen.
—Ya no te conozco.
—Sí me conoces, pero te da miedo aceptar que, como en los negocios, soy prescindible. Si no lo fuera, no hablarías de eso, porque sabrías por dónde van mis tiros ahora. Y porque a fin de cuentas, es lo que da la sensación de necesidad: el saber que el engranaje puede caerse y hacer que la máquina suene mal cuando no esté, aunque tú querrías que estuviera.
—No es justo que digas eso.
Puso una mano sobre el hombro de su amigo antes de entrar en el local, a recoger sus cosas, a marcharse de ese antro.
—Tampoco es justo que tú me digas que no soy feliz viendo que tú sí lo eres; porque igual empiezas ahí a joderme, tío.
nov 19, 07:31 bajo ,

“Mantener el alma cosida cuando todo se ha terminado es un trabajo árduo.”

Lo es, sí.

A veces se produce este tipo de situación entre los que eligen la burbuja de lo estable y los que siguen en el caos que reina fuera. Por mucho que se quieran.

Al final, por suerte o desgracia, el tiempo acaba poniéndolo todo en su sitio. Mal que nos pese.

Cuídate, hermanito y, de vez en cuando, déjate cuidar.

Nos vemos un día de estos, cuando los cajeros decidan dejar de funcionar.

Tony    lunes noviembre 20, 2006    #

Me sorprendes, hermano mayor. Aunque realmente digamos que la sorpresa viene a confirmar certezas veladas.

Caos y estabilidad no suelen poder compartir el mismo terreno, pero, como en todo, hay reglas que alteran las reglas y ciertos conformismos (con ciertas refriegas) permiten que todo fluya. Rara vez y muchas de esas, durante poquito, eso sí, que la naturaleza es dura con eso.

A todo esto, ¿te hace que saboteemos cajeros?

Otacon    martes noviembre 21, 2006    #

Sí.

Porque la última vez fueron ellos los que intentaron sabotearnos la velada.

Espera lo inesperado y devuélvelo con creces.

Cajeros del mundo, temblad. Jojojo.

Tony    miércoles noviembre 22, 2006    #

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