La puta de la Justicia
Le compré el cómic cuando estaba en el hospital. Me lo leí de una sentada, a su lado.
Rebusco en su expresión para intentar saber de quién me habla. Su ex, supongo.
Le pegaron una paliza, dice.
Caminaba por la calle y cinco tíos le machacaron por tener unos pantalones anchos, aunque podría haber sido por cualquier cosa.
Ni siquiera les pudo ver llegar. Se abalanzaron por detrás y le partieron.
En el hospital le intervinieron para que no se quedara en el sitio y tardó meses en volver a trabajar.
Hubo dos agresiones más del estilo esa noche. Por los mismos desgraciados.
Su defensa siempre recurría las sentencias alegando vulneración de la presunción de inocencia, parcialidad por parte de la jueza e indefensión.
Cinco salvajes golpeándote a traición en la cabeza, el pecho, la espalda y las piernas hasta partírtelas sufren de una indefensión total.
Parcialidad de la magistrada que, por supuesto, debe ser un poco zorra al ponerse de parte del tío que se abalanzó contra otros para golpearles con la boca, la columna, las costillas y las piernas.
Y miles, millones de dudas acerca de la inocencia de unos rabiosos que se zafaron, como pudieron, de un tipo al que le sacaban dos cabezas cada uno.
Está cantado que no estamos tan bien iluminados como ese par de abogados defensores.
Atento a la historia, por si no te enteras: eran cinco animalitos de fábula que nunca pudieron hacer nada contra el evidente hijo bastardo de Rompetechos y Hulk.
El caso, me dice la chica, es que tuvimos suerte.
Entre estar ingresado, las rehabilitaciones, los psicólogos, abogados y juicio, tardamos años en pasar eso. Mis padres conocían a alguien que pudo demostrar que lo que alegaban, lo que para ti y para mí está claro como el agua, era un insulto.
Pero esa noche, los cabrones le pegaron una paliza a otros dos chicos que se les fue todo el dinero que tenían en pagar los hospitales.
Tres palizas en tres sitios distintos, defendidas con los mismos argumentos, con una sola sentencia que hiciera honor a la palabra justicia.
Nuestra suerte, recalca, fue estar en un buen momento económico y poder pagar lo que se nos vino encima.
La conversación sigue mientras bebemos un café cada vez más frío.
Mi conciencia, herida, concluye que Watchmen es la mejor referencia directa para una mierda de este calibre.

