Jaguar verde
Ella tenía los ojos vivos, verdes y brillantes. Con ese brillar casi enfermizo de las chicas jóvenes, de éxito consumado, que no aceptan eso de la guerra de sexos, porque ellas la han ganado hace tiempo. El pelo rubio, cortado a la última moda, apenas rozaba sus hombros y casi cubría el cuello alto de una camisa blanca que jugueteaba a esconderse, escote abierto mostrando colgante, en una chaqueta de un vestido gris de pantalón. Las rayas diplomáticas del mismo se contorsionaban marcando las curvas. Unos zapatos de tacón alto acabados en punta hacían el resto, sugiriendo cierto comportamiento entre felino y arácnido cuando caminaba, contoneándose.
Hay que ir agresiva, provocando, dominando al cliente, dijo su jefa una vez. Que luego se te suben y piensan que además de puta, pondrás la cama.
De eso hacía ya tanto tiempo que se podía permitir sonreír en una línea fina y cínica. Ahora podía tener lo que quisiera. La sensación de poder que te da chafarle la gaita a tu superior es algo que no se paga con nada. Excepto con algo que se pueda demostrar, que se pueda ver. Una cosa que dé envidia, hable de comodidades, marque una posición y, encima, tenga valor.
Es lo bueno de ésta sociedad: es tan predecible que querer demostrar quién la tiene más grande es cuestión del tamaño del coche, como si de toda la vida, los penes tuvieran ruedas. Así que que una torda tenga un coche de esos imponentes, es el bofetón más grande que puede dar.
Así que tenía un Jaguar. Verde botella.
Cuando se subía a él, sentía todo eso que se dice en un anuncio. Comerse el mundo, ser el amo de la carretera, relajarte o ponerte de cero a cien en tres segundos y a saber qué cosas más.
Pero cuando vas en coche, la sensación de velocidad te engaña. Y si conduces, todavía más.
Así que cuando vió que su salpicadero recibía las gotas que resbalaban por la comisura de sus labios, cuando se dió cuenta de que su interior acaba de decir basta al reventarse las entrañas contra el volante; entendió con los ojos llenos de lágrimas que como todo en la vida, la velocidad y el mejor estilo, no tienen sentido si no sabes por donde, cuando y cuanto puedes conducir.
Por mucho que otros te vendan una vida como el mejor Jaguar verde.

