Hacktivate Your Mind ! v9.0

Interfaces

La gente tiene miedo de creer en la gente. Os lo dice este desgraciado, el que suscribe, que ya os lo ha perdido.

Por este motivo, las personas tienden a decir y afirmar que esto de Internet no tiene fundamento; que sin la persona, nada es de verdad; que todo es puro vodevil o entremés; que la interfaz no da confianza. Que días, meses o años, incluso unas pocas horas de charla no te da lo suficiente para olerte de qué va el percal. Que, en general, todo lo que sale de aquí no tiene concreción alguna válida y estable con la que poder afrontar una relación seria del tipo que sea en la que tú pones la carne en el asador por otro.

Porque la gente ya no sabe que lo importante no está en el continente. Se ha olvidado de que lo que cuenta es el contenido, no la interfaz.

Se ha olvidado de eso gracias a la contaminación visual, auditiva y en definitiva, mediática. Gracias a la maldita manía del no querer librepensar, cuestionar lo que hay, reírse de la realidad más ramera por el mero hecho de que está mal. De no decir -y hacer- por miedo al qué dirán. La gente tiene miedo del espantapájaros del conocimiento que habita dentro suyo, porque sólo se enseña que hay un bien, un mal y que son inamovibles conceptos.

Cagada.

Pongamos un ejemplo: Un vecino llega a tu escalera. Es bizco, tiene greñas, los pantalones rotos, las uñas roñosas y, como poco, parece salido de una penitenciaría de las de asesinos, violadores y esnifadores de yeso compulsivos. ¿No es acaso la primera reacción desconfiar?
Ahora pon que sólo lo escuchas hablar. Y por el motivo que sea, te gusta lo que oyes. ¿Cuánto iba a tardar la curiosidad en aparecer?
Permitir que la curiosidad te mueva, es confiarte. Cuando te adentras en alguien, buscas su confianza.
Moverse, es querer confiar.
Responde ¿Décimas de segundo? ¿Milésimas? ¿Ibas a tardar un poco más en sentir la necesidad de asomarte?
Vas a eludir la respuesta, o de afrontarla, seguramente todo quedaría en responder que no es lo mismo, que por supuesto, ahí no hay peligro ninguno.

Pues eres un hipócrita. Pero no te preocupes, yo también tengo un poco de eso. A gran escala, porque os odio tanto como me producís curiosidad.
Así me va.

Con lo que adquiere más sentido que te diga que escuches atentamente. Que no te cercenes la capacidad de juzgar lo que en este entorno no ves. Acepta el riesgo de que te pueden estar preparando la mala jugada y barema, sondea en tu intuición y déjate llevar.
Eso se consigue siendo consecuente. De verdad.
Apostando, ganando y perdiendo, en un juego en el que más de una vez te sentirás tremendamente solo (O sola, para que no vengan a darme con el coñazo del sexismo. Perdón por ponerlo entre paréntesis).

Entonces, cuando te des cuenta de que es una mierda darse para encontrarse reveses y más reveses, te encontrarás con que, de repente, sale una apuesta ganadora entre todas las perdedoras.

Y es tu apuesta.

Entonces te sientes bien, afortunado (o afortunada). Porque te acabas de patear doce cajeros automáticos a medianoche para saber que los que de verdad son sólo fachada y sistema, acaban de montar un complot contra una apuesta que hiciste hace más de año y medio. Y que por supuesto, gracias a esas estúpidas máquinas -a las que sí haces caso porque no tienes miedo de ser sorprendido (o sorprendida)-, el complot termina generando complicidad.

Por cierto: los bancos, sí traicionan siempre por sistema.
Por si se te olvida la diferencia; por eso de ser sólo interfaces.
ago 1, 19:18 bajo ,

comentarios desactivados para este artículo