Fragmentos
Vi la mesa donde estuvieron, como testigos privilegiados, los azucarillos y el cuarto café de ese día.
No sabias mirarme a la cara sin sonreír.
Jugueteabas con tus manos, acariciándote la pulsera, repasando tus nudillos.
Te mordias los labios ligeramente.
Sabiéndonos ganadores, me acerqué.
¿Te acuerdas?
He cerrado los párpados capturando de nuevo mis segundos de entonces. Habría hecho lo mismo con los tuyos, pero no tengo derecho a agenciarme los de nadie. Sólo ocurre que estuvimos juntos en un trocito de Destino, diferente para cada uno.
Sonreí de repente, por ese buen momento.
La vida no es un total de épocas, sino un compendio de ratos, nuestros y de nadie más, en el que a veces en sus páginas abundan más los buenos que los malos, y viceversa.
Es de esas pequeñeces de las que surge nuestro guión que con el tiempo, se va complicando tanto que vamos arrancándole páginas enteras. Guardando fragmentos que nos engañan a veces empujándonos a lo que no queremos.
Como hoy, sonreír.

