Filtros
Dice que es una inocente. Más concretamente, dice que es una inocentona. Cuando le haces la observación al respecto de no considerarla como tal, sino alguien abierto, que confía, te señala el particular detalle de llevar una vida confiando en que la gente realmente es inocente hasta que se demuestra lo contrario, y que bofetadas mal dadas le han llegado. Lo segundo, siendo sinceros, no lo dice abiertamente; pero se ve a lo largo de la conversación, oculto entre líneas, como se mal entierran las cosas que te cambian.
Entonces comprendes esos ojos.
Con ese y otros detalles, lo entiendes.
Te das cuenta de que llevas años pasado al bando contrario, excepto para cuando te interesa. Incluso algunos amigos pasan por ese rasero de ser culpables, en un proceso de desconfianza a pulir. Sigues apostando ciegamente por un caballo ganador cuando, negando de antemano a los que a priori nunca fallan, se vuelve a quebrar, clavándote las astillas de la relación en el corazón.
Los amigos, la familia, los proyectos, las amadas y las amantes. Todas esas cosas duelen al romperse.
Y cuando resulta que miras atrás y llevas tiempo resguardándote en la desconfianza llega el punto de pensar que andas equivocado, que has aplicado el filtro bien, del revés.
Das entonces una calada en ese bar de mierda, rodeado de gente que te molesta, tragas el tequila de un golpe y te maldices por lo bajo.
La bebida siempre trae fantasmas cuando menos quieres.

