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Escrutar

Tengo una manía que me encanta, pero que cada vez más va perdiendo su gracia: Mirar fijamente a la gente y lo que le rodea. Los conozca o no.

Antes pensaba que era cosa de una manía clara de dibujante. Me encantaba mirar y sacar ideas o detalles.

Ahora, sin embargo, lo hago casi por impulso. Quizá es cosa de morbo, o alguna especie de método de observación que lleve una distinción de perturbación psicológica.

Me gusta observarlos en su salsa.

Ver como una niña pequeña, con el pelo rizado y pelirrojo cayéndole por la cara en un enmarque único, trata de abrirse paso entre las piernas de varios hombretones que la separan del único que le interesa, su padre.

Ese abuelo que mientras se atusa la barba, sopesa cuán bien se llevan a cabo las obras del AVE, en éste barrio de mala muerte que le acoge.

El entrecerrar de los ojos de ese amigo y, a continuación, el gesto que parece tragarse lo que va a decir, porque no está muy seguro de la contundencia de sus palabras.

La mujer que se ha ido a parar en la esquina del puente, a contar las monedas que probablemente acaba de caer en la cuenta, como resultado de sus cábalas cotidianas, que quizá le han dado mal el cambio.

Un perrito apoyando su cara de ojos tristes en una pata vendada que quizá jamás vuelva a funcionar tan bien, mientras observa resignado a su joven dueño entrando en el supermercado.

Esa chica de rasgos duros y gafas de pasta finas, que cuando se me cruza en el metro, sin que ella se percate, siempre es cazada arreglándose un mechón de pelo para que se aguante tras la estrella brillante bajo los piercings que adornan su oreja.

Cómo un superior, nervioso -o nerviosa, quién sabe- y tratando de aguantar el tirón, entrecorta sus palabras y las pronuncia bajito, en un tono que contrasta tanto como una mala combinación de colores en una pulsera.

Y todas esas cosas, a medida que te haces mayor, te las quitan.

A la gente no les gusta este tipo de acciones, porque se sienten escrutados.
Responden agriamente o se sienten violentos.

Ya no hay, pues, el reconocimiento de la curiosidad por deporte, sin malsana intención.
Por eso se pierde la gracia. Por la falta de inocencia.

¿Juegas?
ago 14, 18:13 bajo ,

A mí me gusta, cuando voy en el metro, imaginarme la vida de los demás, meterme en su mente/cuerpo.

El hecho de escrutar a la gente no es una manía, es algo que todos intentamos, y que tú, por suerte, haces de puta madre. Aunque sabes muy bien que yo también me sentí violenta en su momento, pero es algo que a mí me encantaría saber hacer.

Apokh    martes agosto 15, 2006    #

Si supieras lo influenciada que ahora mismo estoy de todo tipo de sustancias, verias que el mundo es tan contradictorio... Como me gustaria qe estuvieras aquí (el alcohol hace que mis facultades pierdan el poder de reprimirse) Yo tambien dibujo la vida de los desconocidos, me imagino si su vida acaba siendo real o no. Pero ocurra lo que pase yo acabo ganando y no es falsa modestia

LILITH    martes agosto 15, 2006    #

Es curioso porque, lo que ahora denominamos “curiosidad” o simple “escrutar” a la gente de nuestro alrededor, responde, en realidad, a un impulso primordial de localizar amenazas para la tribu, tratando de tener controlados de forma visual a los individuos potencialmente peligrosos para la superviviencia de ésta.

Qué cosas, ¿Verdad?

Dejando de lado las paranoias antropológicas, observar el entorno es una de las actividades más divertidas que podemos practicar sin quitarnos la ropa.

Yo, como bien pudiste observar cuando estuviste en Valencia, también soy adicto a ello. Aunque a veces lo lleve un poco más lejos e interactue directamente con el sujeto observado. Sobretodo si es sujeta. Jojojo.

Nos vemos, digo, nos escrutamos por ahí. Un día de estos. :P

Tony

Tony    martes agosto 15, 2006    #

Bueno, vale, habeis ganado.
Como comento el tercero me toca decir algo que ya se ha dicho, y es lo coonuda que es la curiosidad en la mayoría de los humanos.
Nos encantaría saber por unos instantes qué piensa una persona y conocer de golpe todas las variables que conforman su vida. Poder decir: vaya…que cosas…
Yo reconozco que soy bastante observador (hasta que la cantidad de alcohol en sangre se dispara como un revolver de 20 duros) y me fijo mucho en esos detalles idiotas que hacen que una simple espera en un banco de un parque sea casi entretenido.
También tengo predilección en fijarme mucho en las mujeres de buen ver, pero eso no viene a cuento…
En definitiva de este post saco 2 conclusiones (y la ostia…):

La primera es que no soy yo el raro curioso, sino que es algo que todos llevamos dentro en mayor o menor medida.

La segunda es que cada día escribes posts más blanditos y al final el logo de HYM va a acabar siendo no se…una carolina de repostería? Un pequeño y blandito merengue?
Quién sabe…

PD: Pone que yo comentaba tercero porque cuando estuve escribiendolo no pude postear por problemas en el servidor de HYM.

Tas    martes agosto 15, 2006    #

Apokh, no sé si sé escrutar tan bien como dices. Pero sí sé que me encantaría bordarlo. Lo que comentas, que los otros también habéis afirmado, me da a pensar que entonces la contradicción a la que quizá Lilith apuntaba, es mayor de lo que creía.

Tony, tú no interactuas. Arrasas.
En lo que respecta al impulso primario, algo había oído. Lo que no quita que sea divertido que te lo recuerden.

Tas, a pesar de que todos hagamos, al parecer, esto de escrutar, sigues siendo raro. No cambies.

Respecto a que HYM se esté aparentemente ablandando (y espaciando) responde a solo una época de eso, de relax y vacaciones mentales.

Lo que he de decir es que he recibido muestras de apoyo y querencia de más posts.
Eso anima un montón.

=D

Otacon    sábado agosto 19, 2006    #

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