Dreamers
Y supe que todo había terminado, semanas antes de que dijeras nada.
No puedo decir por qué ni cómo. Supongo que es lo típico de las diferencias de edad, que yo estaba haciéndolo mal y que tú eras una mala puta ligera de cascos. Siempre me gustaron los por qués. Lo sabias. Habrian hecho todo tan fácil, que me hubieran ahorrado el odiarte tanto tiempo.
Uno crece y aprende -o quizá el tiempo le obliga- a tragar este tipo de cosas.
Lo siguiente que recuerdo era cómo sonreías con el pelo corto tras un vaso lleno de cerveza, varios meses después. Me decías que era un soñador completo, que estaba logrando lo que quería. Sonreí con sorna porque no tenías ni la más remota idea de cuales eran mis sueños. Claro, no figurabas en ellos y tampoco te los iba a contar. Estúpida.
Luego, me dijiste que no había cambiado, que eso era bueno. De nuevo meabas fuera de tiesto. Debe ser por eso de tener que ponerte de cuclillas, tal y como se la comías a él. Recuerdo que pensé eso.
Ahora me encuentro lejos de casa, con la fiebre de un mal resfriado, mirando una ventana como la de esa habitación. Pienso en tí. En que, a fin de cuentas, quizá sí intente hacer realidad mis sueños.
Sin tí.
Por nadie.
Como tiene que ser.

