De malos hábitos al exponer
De los diez malos hábitos, creo que pondría especial énfasis en no caer en tres:
Evitar el contacto visual. Intuitivamente, un oyente que no recibe una mirada del expositor, no siente que tratan de transmitirle algo con peso. No se siente presionado a escuchar como mínimo por si le miran. No tiene, en definitiva, una excusa para la que estar atento. Añadiría a título personal que una persona que no me mira a los ojos cuando me habla -a menos que sepa que está afinando el tiro-, me produce desconfianza.Tal como remarcan en la anotación original, todo pasa por practicar cuánto se pueda. No creo que deba ser algo meramente orientado a la divulgación o exposición comercial, así que prueba entre amigos cuando debas contar algo largo o con mucha chicha. ¡Puede también valer a su modo!
Las palabras sólo son ruido para el oído si no hay una mirada detrás que hable al alma por ellas, decían antiguamente.
Estancarse en una posición. Alguien que se queda quieto en el mismo sitio, como un mueble, terminará recibiendo la misma atención que un mueble.
Hablar demasiado. Normalmente una explicación breve y concisa, casi como quedándose en una introducción, debería bastar para que el oyente captase el concepto inicial. Marca un ritmo para dejar respirar al oyente a nivel auditivo, que tenga libertad para además de escucharte, entender y asimilar. Admito que de vez en cuando también caigo en alguna de estas. Pero si al final se resume y se hace una buena conclusión, aun se puede salvar.

