Cóndilo mandibular
No es cuestión de calma que sigue a la tempestad, porque de ser así, la tempestad habría durado más de seis meses. Tampoco es una cuestión de que falte contenido, porque contenido hay. Como dijo Picasso, la inspiración existe, pero debe cogerte trabajando.
Y héte ahí el quid de la cuestión: No tengo ni fuerzas ni ganas de escribir. Entre otras cosas porque ando con una inflamación de los músculos del cóndilo mandibular derecho (o sea, ahí donde se encaja el hueso de la parte inferior de la mandíbula, concretamente el encaje derecho de la mía) que me quitan el sueño y obligan a que vaya medio día hasta el culo de ibuprofeno, nolotiles, diclofenaco y a saber qué más tendré que tomar.
Es la segunda vez que empiezo este post porque se me ha olvidado la regla básica de guardar las cosas mil veces en un sitio seguro antes de postear directamente. Así están las cosas.
Eso, juntado con el calor que este año estoy notando mucho más acusadamente de lo habitual, y otros asuntos que se entrecruzan como estúpidos adolescentes más llenos de pastillas que un complejo farmacéutico, ando lo suficientemente saturado como para no caer en que había una cosa que me gustaba, con sus porqués.

