Chasquidos
Puedes estar varias decenas de minutos campando a tus anchas, sin encontrar a nadie, mientras tienes la extraña sensación de que tanto por detrás como por los lindes de tu visión periférica, el mundo está en un estado intermedio, como vacilante, entre extenderse casi al infinito y acabarse justo ahí.
La oscuridad tiende a jugártelas así.
Una vez me dijeron que eran ilusiones ópticas y el juego de miedos de la mente. Hasta donde yo sé, puede ser todo tan cierto como cualquier otra intuición.
Echar a andar y juguetear con una piedrecita hasta que, en una mal patada, se pierde a un lado de la carretera. Mirar al frente y tratar de perderte justo donde el horizonte parece empezar a hablar de arribas y abajos. Sentir cómo el silencio te eriza, acunándote en una tranquilidad que queda muy lejos de todo. Oler el césped recién regado mientras la humedad parece querer penetrar en cada poro de tus huesos de un modo casi lascivo.
¿Todo lo que provoca eso son cosas físicas o mentales?
Sólo sé que eran -y serán- cosas que le pertenecen.
Como el chasquido mental que, mezcla del cansancio y el cóctel de hormonas y otros elementos puro químicos, que luchan para mantenerte despierto, tiende a producirse. Es como si de repente, un grito diese vía libre a todo lo que te plantea una duda o una incerteza. Comienzas a deshacer la madeja, a arañar lo que sabes y lo que no, a destripar el cordero de lo que llamas vida. Das vueltas y vueltas, mientras giras aquí y allá con tus pies y tan pronto puedes estar perdido entre callejones de mala muerte donde la amenaza sale del crujir de una cucaracha, como atravesando un inocente parque llenos de yonkis que se están dando la fiesta de la vena.
Entonces viene otro momento y mientras cambias de dirección, resulta que lo haces también de hilos de pensamiento y cábala personal.
Dicen que comenzar a caminar hacía la izquierda, es un claro indicativo de resolución de problemas y decisión. Que, por lo visto, cuando estás haciendo eso de pensar y tomas demasiadas izquierdas, es que estás arreglando tu mundo de verdad.
El problema viene cuando te das cuenta de que lo haces y estás terminando en el puerto, con el mar por delante y cien barcos atracados entre las lucecitas que titilan reflejadas en el agua.
— Joder, ya estoy aquí?
Lo de chasquido, como ves, no era un sentido tan figurado.

