Catalunya: ¿Marginando el castellano?
El primero, muy sencillo, es que a pesar de que me encanta el blog de Javi Moya, me pone enfermo que casi siempre que hable de política se acerca, por y para el mismo tema. Que cuidado, evidentemente allá cada uno con su blog, y no soy quién para decirle lo que no debe postear ni es mi intención en ningún momento. Pero la polémica fácil termina quemando. Y yo, odio las polémicas recurrentes.
El segundo, es que ya estamos otra vez con que la mierda sale de letrina. Y sin que cuente como precedente, hablo de política por segundo día consecutivo en el weblog.
En Catalunya, pese a lo que la gente que no vive aquí diga no se margina al castellano. Las cosas como son y quien quiera picarse, ajos comerá, porque lo que es objetivamente, no hay de qué picarse. Miento. Sí lo hay, pero en la medida de que en todos lados se cuecen habas y no más.
Vivo en Barcelona. Trabajo en una empresa de cara a atención al cliente. Tengo amigos catalanoparlantes. Todos los días me cruzo con personas que cotidianamente usan la parla catalana. Leo carteles en catalán. Me informo en castellano. Desarrollo en castellano. Observo las ediciones de los periódicos en catalán.
Pero hace más de tres años que no hablo catalán.
Así que no me vale que me digan que no se puede vivir en Catalunya sin saber el catalán; se me diga que no hay opciones que no sean el catalán en la educación; me digan que no hay transacción comercial en catalán; me hablen de estar totalmente perdido si no entiendes el catalán. Eso, no existe.
Pero sí existe algún comerciante estúpido, algún profesor impresentable, centro dirigido por retrasados, personas desagradables, e indicadores sueltos, aquí o allá en catalán.
Como existe algún españolito fascistoide, algún profesor ibéricamente orgulloso, conocedores de sólo la Lengua Madre, y carteles que por no estar en nada más que el español, dejan de lado a los que vienen de fuera. Y hablo de simples turistas.
Así que no me jodan, los que no se han paseado por aquí, a venirme con tópicos que, como en todos lados, insisto, sí se cumplirán en cierta pequeña medida.
Todo, de nuevo, juego de politiqueo castizo y antiguo. Del que pasa de padres a hijos, chafando el del gusto por conocer y descubrir sin mezclarse. De ese que se queda en el de ignorantes de pro que en muchos casos, terminan por labrarse carrera y posición políticas.

