Hacktivate Your Mind ! v9.0

Castañas con zumo

Sentada en la hierba, le dió un último sorbo al zumo. Jugueteaba con el envase, apartando las cáscaras de las castañas.
No queda nada, cariño. Frunció el ceño y exclamó en un grito, cerrando los ojos: Nada, nada, nada.
Enarcó las cejas y giró su cara, sorprendida.
¿Es la primera vez que te llamo así o es que se me olvidó la primera?

Él sonrió y se encogió de hombros, estirado en la hierba.

¿Sabes? ¡Buf!
Hizo un gesto como ese que solemos hacer cuando tenemos muchas cosas que explicar.
¿De verdad no te lo he contado? Conocí a un tipo, así a lo tonto. Es de por allí.

Arrancó una brizna y la miró, torciendo los labios en una mueca cínica.
Seguro que es un gilipollas.

Hum. Sólo a veces.

¡Encima es uno de ellos!
Enrolló el trozo vegetal entre sus dedos.

Pero vivo con eso.

Ese tío no te conviene. Te lo digo yo.
Esgrimió su pasatiempo tocando de color verde sus palabras.

Ella le restó importancia al asunto con un movimiento de hombros.
Nadie puede ser perfecto. Pero bueno, también lo acepto.

¿Encima? Seguro que es igual de pequeño que su alma. Tan cretino, estúpido, estulto e irracionalmente anormal como el resto.

El caso es que... Yo creo que tiene el alma tan grande que llega al otro lado.
Se quedó absorta por un momento y mirando al infinito concluyó que debía ser así.
Genialidad. Sí, eso es.
Extendió el brazo y tomó una medida con su propio cuerpo hasta un punto muy lejano que sólo ella conocía.
¡Y si fuera tan grande como su genio, llegaría hasta aquí!
Sonrió.
Entonces llegaría con sus manos e importaría muy, muy poco que estuviera tan lejos.
Trató de sorber un poco más de zumo, por si en los últimos minutos una máquina expendedora hubiera pasado a cambiarlo por uno nuevo.
Al principio me hacía gracia y me ponía un montón. Y buah, bueno, hay bastante gente que me pone un montón, tampoco es nada especialmente especial pero... ¿sabes? Tenía una lista de cuentas pendientes y tenía ganas de acabarla. Pero entonces, una noche estaba hablando con él y me dí cuenta de que no me ponía nadie más.
Se calló un instante.
Ni lista ni pollas.

¡Cuida esa lengua, pequeña!

Además resulta que tenía el cerebro más raro y maravilloso que he lamido jamás ¡Buah! Salían chispicas como... Hum... Los Peta-Zetas ¿Sabes lo que son?

¿Chisporroteantes?

Sonríe.
¡Sí!

Así era su cerebro al lamerlo y lo mejor es que hacía chisporrotear al mío, y es una mierda porque me enamoré de él perdidamente, con todas las letras, por primera vez en mi vida.

¿Incluída la uve doble?

Asintió con la cabeza.
Fue tan inesperado y genial, tan lógico, que no podía ser de otra manera.
Enmudeció mirándole, seria.
Joder, es la cosa más importante que tengo ahora en todo el mundo.
Sonrió otra vez.
Hace unos chistes muy malos. Pero que muy malos. Pero el simple hecho de que su mente logre crearlos me parece asombroso. Impresionante. Nunca se lo he dicho porque es que los chistes son muy, muy malos, añade. Pero es lo que hay.

Un rayo de luz rompió el cielo encapotado y aterrizó cerca de las cáscaras.

Cuando estoy con él, continuó, hay un hilo tan largo como su alma que une nuestros cerebros y es genial.
Tiene la mejor sonrisa que he visto en mi vida y logra que no me quite la mía ni cinco minutos al día.
Reparó en algo y miró a su compañero. Una rima.
Y joder. Joder, joder...
Se encoge y hunde su cara entre sus rodillas.

Él la abrazó sin que ella se pareciera percatarse.

He llorado por muchas razones. Por tristeza, dolor, de risa. Por mil cosas. Pero es la primera vez en mi vida que estoy a punto de llorar de felicidad.

Él la meció.

Y es que las castañas con zumo, a veces tienen esta clase de reacciones.

Alucinógenas.

Alucinantes.
nov 5, 08:35 bajo ,

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