Adicciones y hábitos
Hablo de que tiende a ser una adicción jodidamente molesta, sea por humo, olor, o hábito.
En mi familia todos han sido fumadores. Y cuando digo todos incluyo a mis hermanos. No por otra cosa, pero no somos tontos y en sus tiernas edades, bien saben ya -o deben saber- lo que es un buen porro. Cosas de la edad y todo eso, que llevarían a hablar de lo que hay que vigilar o no, pero no voy a desarrollar. Que luego me dicen que me voy por las ramas.
La cosa es que, eso, que no es que no esté acostumbrado al olor de un cigarrillo negro, que tiende a impregnarse en la ropa o las cortinas con una facilidad pasmosa. O el aroma tostado de un rubio que tiende a quedarse pegajoso en el paladar durante horas aunque no te lo hayas llevado a la boca. No se trata pues de que me moleste lo que acarrea físicamente el fumar.
Yo he sido fumador durante algún tiempo. Actualmente, aún alguna vez cae un cigarrillo de vez en cuando, en épocas de mogollón de estrés y nervios, sobre todo. Pero he tratado de no molestar a nadie cuando lo hacía y siempre que lo he hecho, he tratado de moverme disculpa mediante, evitando de la mejor manera posible el seguir molestando. Cuestión de sentido común y buena voluntad. Claro que si la persona en cuestión me repatea, igual me lo pienso. Agua de otra tinaja que tampoco voy a comentar.
Pero héte aquí el quid de la cuestión.
Odio que el hábito de otra persona me condicione tal como suelo odiar que los míos condicionen a otros. Hace que me hierva la sangre el pensar y saber que en cualquier momento alguno pueda interrumpir una actividad que yo desarrolle, para echarse su pitillo. Hablo de cualquier acción, como ser interrumpido mientras hablaba por teléfono, estaba conversando y me han venido a pedir fuego, o que en medio de un trabajo -o una clase- me pidan un descanso.
No puedo con ello, por muy tonto que parezca. Soporto el humo, el sabor y el olor. Pero lo que no soporto es que no te plantees el control a algo que sabes que puede suponer una adicción, sea de la naturaleza que sea. De ahí salen después los otros grandes problemas de la gente, los que parece que nunca se pueden parar: de la falta de control y juicio sobre uno mismo.
Así que por favor, la próxima vez que te apetezca anteponer una adicción a tu interlocutor, se previsor y respetuoso. Aunque no sea yo.

