Abrirse
Le pedí al taxista que nos llevar al parc Montsouris, entré y cerré la portezuela con fuerza. Brett se había acomodado en el otro rincón del asiento con los ojos cerrados. Me senté a su lado. El automóvil se puso en marcha con un violento tirón.
—¡Oh, cariño, soy tan desgraciada...! —me dijo Brett.
Y sin embargo, muchos son los que dicen que, dentro de todo lo que escribo, eso está enterrado entre las letras.
Joder, me digo, qué bien parece que me expreso. Sonrío.
Bien sabéis que no, no he atravesado la mejor época de mi vida. Pero tampoco ha sido tan malo. Sí, ha habido ciertas cosas de mucho peso. Pero en general, al final, no creo que deba decirse que ha ido todo mal.
¿Saturado? Sí, esa es la palabra. Estaba saturado.
Irene me dijo una vez que me pasaba lo que me pasaba porque no me abría. Y le doy la razón. En parte.
Porque sí que me abro, pero me cuesta cierto tiempo. Y luego del tiempo, entran varios factores: las interrupciones, los cambios de tema que dejan el original aparcado, que la otra persona en medio de la conversación comience a hacer otras cosas, los dame un momento que se convierten en medias horas por una estupidez, los para qué cuestionarse nada si al final no sirve, los no sé, los nada, los silencios que de tener cara, tendrían una de esas en las que aparecen dos puntos, un interrogante y una expresión de confusión asociable a un bloque de granito.
Esa clase de cosas que convierten lo que ya de per se puede ser complicado en una carrera de obstáculos.
Cuando uno se encuentra con eso, lo señala y sigue produciéndose contínuamente, pierde el interés por abrirse. Por esa relación, sea de la clase que sea.
El caso es que, desgraciadamente, creo que no es algo inhabitual. Me da que es una especie de cáncer que se ha incrustado subrepticiamente en esta sociedad. No diré que es culpa de la televisión, de un cine de mierda, de unas publicaciones cada vez más amarillistas -o rosistas- y partidistas. Pero es culpa de que se ha perdido la noción y la importancia del comunicarse de tú a tú.
Así que estas alturas prefiero hacerme las preguntas solo, seguir leyendo y, de vez en cuando, escribir acerca de sólo una pequeña parte de todo lo que cruza por mi mente. Abrirse en lo mínimo e indispensable para crear algo y no quedarse atascado. Si al final resulta que eso es -o no-, una porción de mi vida, probablemente sea más una cuestión de suerte que algo relacionado con la categoría en la que guardemos el escrito.
Por hoy, me parece sensato.

