-e-
No la trato bien, me temo. Como a todos los que me rodean. Soy un tío de silencios y a veces eso se lleva por delante a quien no tiene culpa alguna. Quizá no es que los hiera, pero bueno, dicen que el olvido parte de ahí, del silencio. Entonces resulta que no es olvido realmente, porque siempre me acuerdo de todos y cada uno, un poco al día como muy poco.
Quizá...
...sonría ante un escudo gnómico de la Alianza.
...me quede viendo un café, con un vaso de agua cerca.
...sostenga entre mis manos una pluma de escribir, de las antiguas.
...vea un enano gruñón.
...tararee que daría mi reino por un corazón.
...observe la camisa tejana que casi nunca me he puesto, pero que siempre tengo cerca, en mi silla.
...pierda un par de minutos releyendo mi taza extragrande de un Starbucks de NY.
...esboce un dragón partiendo de una O.
...me diga "ahora o nunca".
...deje deslizar entre mis dedos centenares de estrellitas de colores.
...juguetee con mis anillos y las historias que encierran.
...vea una brujita.
Pero nunca lo digo. Nunca lo expreso. Puede que por vergüenza, recelo o porque son mis recuerdos.
Ahora que me voy a Valencia a vivir en breves, todos los días me asaltan situaciones como las expresadas arriba. Y me descubro sonriendo un instante y chasqueando la lengua al siguiente, porque no he recordado que a veces, hace falta más que el recuerdo para que todo se mantenga ahí.

