Hacktivate Your Mind ! v9.0

Ratón de biblioteca

Eran tres chicos y dos chicas. Un grupo de esos en los que hay dos estúpidos, con ojos vacíos y piel aceitosa, que no pueden meter mano a una chica mientras el macho alfa de la manada tiene dos para él. Líder que, por cierto, lucía orgulloso su cara de cerdo con un peinado de cenicero como corona. Fue el primer corte de pelo idiotizante que recuerdo. Ellas parecían hermanas, con sus cinturones sosteniendo unos pantalones que intentaban marcar un culo inexistente.

Siempre me han gustado las bibliotecas. Sitios tranquilos con casi todos los libros que uno pueda querer en un ambiente sereno. Pero además, esa tenía unos pufs de tela con algunas viñetas memorables de Asterix, Mortadelo y Filemón, Tintín y Zipi y Zape sobre un césped de moqueta verde. Era un sitio cojonudo para empujar a leer lo que fuera, si no tenías demasiados años, y me encantaba pasar las tardes entre sus paredes blancas con estanterías larguísimas.

Pero allí estaban ellos hablando en voz alta, interfiriendo con sus risitas de subnormal preadolescente cualquier intento de leer, estudiar, trabajar o lo que fuera que hicieran las otras personas que permanecían, calladas y grises.

Mi bibliotecaria era una mujer que rezumaba orden por todos sus poros. Canosa y con manos de bruja –buena, pero bruja al fin y al cabo–, tenía la costumbre de mirarte por encima de sus gafas de pasta para decirte cuándo tenías que devolver lo que cogías o que llevabas veinte minutos de retraso. Sólo la vi sonreír una vez en todos los años que estuve visitándola.

Siseó en un par de ocasiones, apoyada por algunas réplicas entre los presentes. Luego se levantó, caminó hasta la mesa de los energúmenos y les llamó la atención en voz baja, como hacen las mejores en su profesión. Erguida en sus casi dos metros, suspiró agria cuando los niñatos la mandaron callar. La vi volver a su puesto con toda la dignidad de la que fue capaz con un hematoma humillante en su aura.

Esos tíos estaban jodiendo mi biblioteca y a mi bibliotecaria. Mi santuario.
Subió una contracción desde el estómago para apilarse en mi garganta, con la adrenalina haciendo que temblara entero. Aparté El Ponche de los Deseos y metí mis manos en los bolsillos para que no se me viera el tembleque. Caminé hacia la mesa del sacrilegio.

Eh, vosotros ¿queréis callar, por favor?
El cabeza de cenicero gruñó. Uuuh... ¿y por qué?

Cuando tienes ocho años, ciertas preguntas te apabullan. Cuando tienes la verdad contigo, no importa tu edad.

Porque esto es una Biblioteca.
¿Y por qué no te callas tú?
Porque eres un gallito.

Contesté con todo el aplomo posible, consciente de estar ganándome el mayor revés de la historia del cine. Me sudaban las manos y escuché el estrépito de miles de ladrillos cayendo por mi torso al cruzar miradas con las personas de las mesas cercanas.

Vale, dijo. ¿Y si no me callo?
Tendrás que irte, concluí.

Una chica que iba a pasar entre nosotros paró antes de ser desintegrada por la tensión.

¿Porque lo digan las normas?
No, porque eres molesto y no te queremos aquí.

Volví al puf, intentando que mis pies pisaran donde decía que lo hicieran.

Un par de minutos después, en su camino a la salida, se pararon ante mí. El cerdo me miró con la nariz arrugada. Le devolví una mirada neutra con el pulso pegándome todavía en la papada. Pateó mi puf y se marchó. En cuanto se cerró la puerta con el sonido metálico de la cerradura, el aire circuló por la sala. La observé como si, de repente, fuera otra. Olor a libros recién llegados y viejos, a tinta y páginas. Los colores vivos de cientos de lomos y portadas. Sonidos tímidos remitiendo a sus frecuencias.

El silencio, nuevo y único.
Como la sonrisa de mi bruja buena.
11 mayo 09 bajo ,
¡Activa la conversación! [5]

Tabletas

Una dosis de algo nuevo y mi ropa. No necesito nada más.

La última vez que estuve en este motel mi vida iba viento en popa. Salvo una mierda de relación, todo era lo suficientemente prometedor como para experimentar libremente sin temor a demonios internos.

Cómo cambia la vida en cuestión de un año. Ahora no me queda casi nada salvo un par de amigos que, con su vida bien encarrilada, no quisieron venir.

Me siento en el borde de la cama y jugueteo con la tableta. Una moneda venida a menos.

Suspiro. Llevo varios días sin dormir, corriendo una contrarreloj personal para llegar a esto. Dejo caer mi cuerpo sobre la cama e intento hacerme con la habitación antes de que todo comience. Coloco la dosis bajo mi lengua.

Cortinas de hilo blanco. Cascadas tejidas por arañas como las que encontrarías en casa de tu abuela. Recuerdo preparándome algún momento profesional importante. Era ingeniero, hasta que alguno de los que sabían chuparla decidió que era prescindible. Dos categorías distintas de cretino dentro de la cadena alimenticia laboral.

Muevo la cabeza y observo las paredes de papel a rayas en tonos vainilla. Lo odio en cuanto recuerdo las cuatro del lugar en que intentaron robar mi pensamiento. No sigas por ahí. Agacha la cabeza. Pon el culo para parecer un señor. Rajar y velar mi dignidad en un bucle vertical de color amarillo pálido de olor dulzón.

Cruza por la mente el psicoanalista llorando en su consulta, agarrado a una lámpara como las que hay a cada lado del cabezal de la cama. Al obligar a alguien a contar sus miserias deberías prepararte por si empieza a hurgar por tus preguntas, arrancándote el sabor a mierda de tu propia vida. Sin pararse. Atravesando tus plumas, refuerzos acolchados, armadura, o lo sea que uses para interpretar las defensas de los demás, cabrón.

El mueble de madera de color miel frente a mí. El mismo color que golpeaba la pared entre sudor y gemidos cuando no miraba tu cuerpo. Crujir de juntas y madera marcándose en la pared como dedos arañándote mientras te lleno. Nuestro sexo era del color donde descansaba nuestro orgasmo, reposando hasta escapar si Él llegaba.

Moqueta roja. Como el terciopelo de las butacas colocadas en la mesa que hay cerca de la cama. El mismo rojo sangre, oscuro y con reflejos claros de farola sobre asfalto a través de un charco. Hemoglobina desbocada queriendo salir, colarse por cada una de las rendijas de muerte urbana.

Y lucha de luces, de emergencia y de baños, pasando rápidas. Aguantaban el tipo contra la luz selénica en el silencio roto de mi huida. Oliendo a desinfectante clínico. Vómitos. Comida pasándose otra noche como conciencias en el psiquiátrico. Ahora es resplandor ambiente contra el de mi baño. Calma que refugia el miedo a ser perseguido.

No me queda mucho.

El frío me invade. Me pulsan las sienes desde el cuello. La respiración acelera. El aire apelmazándose en la cámara estanca de la habitación.

Abro los brazos, los ojos y la boca.

La mente se resquebraja con cada ondulación que percibo. Una doblez, un fragmento. Los recuerdos duelen partiéndose en el cerebro. Los huesos se encogen y estiran con el chirriar de lo sentido en el alma. Razonamientos débiles que estallan en millones de pedazos blancos cuando una cortina se mueve.

Inspiro aire. Ladeo la cabeza.
Voy a vomitar mi psique en colores vivos de otoños ancestrales.



Fiebre. Una película de calor a mi alrededor. Las líneas de las paredes contorsionan trayendo los caminos en los que hacía autostop. Paladeo la noche de entonces. Me asustan los ojos iluminados acercándose. Corro sintiendo mi peso cargando las piernas. Las rodillas se doblan. Falla el equilibrio. Caigo como un muñeco de trapo. El mundo queda quieto. La boca metálica pasa a mi lado. Pezuñas de caucho negro coronadas. Roncar de la bestia que sabe de qué soy fugitivo. Su piel de fuego y vísceras suda rabia.

Clava una mirada de ira envolviéndome con el color de habitación de burdel. Noto el pelo húmedo, la garganta seca. Bebo de mí en roja penumbra. Sábanas raspantes purifican mi cuerpo con cada movimiento. Lucho por liberarme de una seda ácida. La escucho en el techo de migrañas y tumores. Mamá araña con un bikini hecho de cabezas de niños aullantes. Colmillos brillantes entre sombras. Lanzas en su lomo gotean rocío vaginal.

Descuelga lentamente del semen de miles de hombres infértiles. Gira con el chirriar de un vinilo y muestra su abdomen abierto de obscenidad. Alarga una pata necrosada. Raja hasta mi ingle desde mi cuello. Corta el abrase con frío. Penetra en mi torrente, mezclándose con los leucocitos. Hombres de bien, dispuestos a morir en combate mortal contra una infección imaginaria. Si no estuvieran en huelga.

Árido, podría sorber sudor, sangre, glóbulos translúcidos. Lo que quisiera. Emanan de mí a un mundo frágil de papel de fumar. Me mezclo entre ellos buscando lo propio. Genes. Memes. Retazos de vida que quieren no estar conmigo. Tropiezo. Caigo por mi cuerpo. La noche me aplasta con su luz negra y todo se vuelve púrpura. Alzo una mano y agarro otra en mi epidermis.

Mi hermano siamés me habla con pulso firme. Dice que esto es lo que he creado. Que soy Dios. Que todo debe continuar incluso si no estoy. Resbalo de sus dedos a medida que intenta convencerme de qué soy. Que me esperan. Que soy un mal aprendiz. Ríos plateados de candente adrenalina en venas tubos. No basta. No hay. Soltarse en inexistencia.

Caigo en un sitio mullido y frío como ser abandonado. Todo es pantano. Sintetizo el oxígeno a través de la piel. Lamo la vida. Pensamientos sabores. Apareces en óxido a través de mis amígdalas. El psiquiátrico es bilis corroyendo el diafragma. La gente es el sabor vainilla obsceno de un glande llenándome la boca en una violación.

Arcadas de odio en el contraste. Trozos de experiencia flotando en el aroma a jugos gástricos. Un huevo perfecto encima del surtidor de una fuente. Mi interior abre al universo de par en par. Una puerta estrecha llegando al cielo busca el infinito. Luz de sentidos. Bisagras de explosión blanca ordenada. La caja de Pandora de la que todo sale a borbotones. La eyaculación del Principio del Todo.

Me sumerjo en Pura Vida. Un recuerdo de estupidez sensata dibujada.

No hay imágenes ni sonidos. Sólo variaciones de colores torciéndose convulsamente en tactos evocativos. Estoy en medio de un álbum de fotografías movidas, como una masa amorfa indefinida hasta que entienda cada instantánea. Pasado: restos para afrontar el futuro.

Avanzo por reflejos translúcidos de vivencias coloreadas. Salto de una isla a otra. Movimiento dilatado en meses. Pasos piano en el tiempo de volver a vivir. En cada oasis soy espectador de mi vida.

Me paro.
Fotograma azul.

Allá vamos.


Ando desnudo por campos de verdes pestañas. Planicie en la que el horizonte se parte en córnea, reposando en la curvatura de allí hasta donde alcanza la vista. Una cobertura de ojo de iris oceánico. El sol es una pupila de acceso al universo subconsciente traído al final del camino.

Llego al centro del mundo. El aire me lame todo mientras voy parándome en quietud. Disfrutamos de un trabajo bien hecho. Caigo lento abriendo brazos y piernas. Entran todos los iones en mis pulmones llenándose de electricidad estática.

Zumban haciendo vibrar todas y cada una de las paredes de mi interior. La sangre engorda, palpitando, digiriendo y distribuyendo el pasado hasta mi piel. La absorbo expeliendo lo que resta por la epidermis.

Separo mis labios. La electricidad detona. Grito.

Segundos, horas, semanas, siglos después, explota el silencio.
Estalla. Millones de pedazos de pseudoconciencia tiemblan antes de separarse hasta el último átomo. Desintegración en brillos sin color. Un Big Bang eufórico construido encima de la realidad que tú y yo conocemos. Multiversos, vacíos o llenos, desplazándose pesadamente por la teoría de capas y relatividad.

Y lenta y rápidamente a la vez, un cohete de Ser atraviesa la atmósfera mental. Veintiséis horas después de haber empezado el viaje adentro.

Abro los ojos.

No he vomitado como creí tener intención de hacer, aunque el aliento podría matar a alguien. Al margen de las sábanas bajo mi cuerpo, ni siquiera hay desorden a mi alrededor. Me incorporo con cuidado, por si las moscas. Las lámparas, la moqueta y todo lo demás sólo son pequeñas partes de algo más grande, sin pretensiones. Sacudo la cabeza. Noto el cuerpo pesado al levantarme, preguntándome cuántas horas habré dormido de camino al baño.

Delante del espejo miro de pasada la cara de dormido. Abro el grifo. Paso una mano por mi cabeza rapada.

Entonces, el agua es sólo agua. Más fresca que nunca, puedo percibir sus gotas por separado y cada uno de los pelos de mi cabeza raspa individualmente. Concentrándome, parece que estén marcando el ritmo de alguna especie de música progresiva. Parpadeo. Me mojo la cara y miles de agujas congeladas como cumbres hacen que sonría. Me parece increíble.
Observo mi doble en el espejo.

Supongo que es entonces cuando me doy cuenta.
Abro la boca y levanto la lengua.

Salgo a la habitación. Llego de un salto al otro lado de la cama y compruebo que, cerca de la mesita, en la moqueta de color rojo sangre, está la tableta.

Y río, renovado.

Al final, sólo somos nosotros, nuestro interior con sus miedos, y la decisión de ponerlos a hablar.
17 abril 09 bajo ,
¡Activa la conversación! [4]

Respóndete (condensado)

Las bacterias, los virus, los microbios y otras formaciones orgánicas son un invento de la ciencia para justificar a los cerdos, maricas, putas y apestados sociales.

La tierra está ahí para que la explotemos y la usemos sin preocuparnos por quemar, desertizar, contaminar y desintegrar.

Los animales no tienen ningún tipo de conciencia. No merecen ser más que objetos animados molestando tus costumbres sedentarias, a tu bolsillo, a tu higiene, y son útiles para apalearlos cuando no tengas nada más cerca.

Un español siempre será alguien zafio, bastardo, truhán, conservador, vago, aprovechado.

Los negros apestan. Los judíos, los hindúes, los blancos, los gitanos, los moros, los chinos y toda la mierda que no corresponda a tu raza, también.

Esparcir los sesos de una persona con ideas diferentes es demostrar tener la razón.

Los ricos tienen el poder porque lo merecen. No existe nadie sin un duro que merezca la oportunidad de vivir.

Ser mujer es pertenecer al eslabón perdido entre la inteligencia y el salvajismo. Sus sentimientos son una debilidad que permite la necesidad universal de ser el saco de grumo contra el que arremeter por cualquier motivo.

Ahora, dime ¿cuánto de todo esto crees cierto?

Si dices todo, tienes un problema de retraso mental.
Si dices nada, también.

No analizar qué lees podría volverse en tu contra.

Ring

Acabo de darme cuenta de la mortalidad de los que más quiero. Otra vez.

Ha sonado el teléfono y he temblado, sin razón. Una llamada fría, oscura, con silencios cortantes que arañaban.
Tanto que me cuesta pensar.
Un niño esperando el peor castigo del mundo.

El corazón encogido, parado.

Se han cruzado por mi cabeza las idas de los que no me importaban, en otra piel.

Estaba allí, de pie, con el auricular pegado a la oreja y los ojos perdidos en la pared del recibidor. Pupilas dilatándose. Mareo. Escuchando a alguien desgarrarse al otro lado, mientras abría la boca, intentando componer la realidad entre sus labios, zumbándole la cabeza y haciéndomelo llegar a través de los baudios.

Me he visto cogiendo un bus de un mundo en quietud, sintiéndome sólo como nunca, la respiración en la garganta incapaz de descender por mí.
Viajando, mirando la carretera entre fotogramas de quebrada trascendencia.

Sin contar minutos que no importan, repasando recuerdos que ahora se rompen en blanco.

Me he imaginado subiendo unas escaleras que eran una garganta de dragón.

Ante caras desencajadas, miradas hundidas y cuerpos encogidos adaptándose a la falta del aire, de la esperanza, de la costumbre; acoplándose a lo que queda.

Los por qué.

El silencio.

Boquear, yendo a por todo el aire del mundo, porque el cuerpo lo pide a gritos días después.
Acostumbrarse a vivir como si empezara todo desde cero.

Terror. Como hacía años que no lo tenía, gritando hasta vomitar sangre, en silencio compacto y sólido de roca a través de mis venas.

Por nada.

Por la nada.

El principio de todo

Raúl me ha preguntado que cuál fue el inicio de este site y mi situación ese día.

El primer escrito potable en Hacktivate Your Mind! hablaba sobre la arroba.
Anterior al cual había un estornudo insustancial que señalaba mi manía de meterme en berenjenales de este tipo, aún sin disponer de tiempo material para ellos.

Los dos vagan por los archivos, criando malvas en el limbo de los textos sin título que no pueden ser alcanzados hasta tengan el formato correcto para el gestor de contenidos. Recuperaré el de la arroba en un ejercicio de corrección personal, superando la vergüenza y las decenas de momentazos "¿cómo pude escribir esto?", "¿en qué estaría pensando?" y "¿realmente era tan...así?".

Por la época en la que abrí esto mantenía mi primera relación seria y el mundo era extraño para alguien que estaba experimentando el desencanto voraz del cinismo. Apenas disponía de tiempo en mitad de dos cursos de administración de redes que me ocupaban doce horas diarias. Supongo que quería algo que no tuviera que ver con pasar medio día fuera de casa.

También tenía las anginas como balones de baloncesto y la fiebre te empuja a hacer cosas terribles.

La idea era un espacio para colgar enlaces y chorradas junto con textos de relleno por eso de no dejar sólo direcciones.
Con el tiempo, ha servido para que me diera cuenta de qué me gustaría hacer con mi vida.

Hace poco que he vuelto por aquí, así que os dejo abierta la pregunta ¿Qué ocurrió el primer día y sobre qué trató tu primer post?

La puta de la Justicia

Hablo con una amiga sobre Watchmen cuando, entre las reflexiones violentas de Rorschach y la descarnada visión de la realidad del Comediante, empieza a contarme algo.

Le compré el cómic cuando estaba en el hospital. Me lo leí de una sentada, a su lado.

Rebusco en su expresión para intentar saber de quién me habla. Su ex, supongo.

Le pegaron una paliza, dice.

Caminaba por la calle y cinco tíos le machacaron por tener unos pantalones anchos, aunque podría haber sido por cualquier cosa.
Ni siquiera les pudo ver llegar. Se abalanzaron por detrás y le partieron.
En el hospital le intervinieron para que no se quedara en el sitio y tardó meses en volver a trabajar.

Hubo dos agresiones más del estilo esa noche. Por los mismos desgraciados.
Su defensa siempre recurría las sentencias alegando vulneración de la presunción de inocencia, parcialidad por parte de la jueza e indefensión.

Cinco salvajes golpeándote a traición en la cabeza, el pecho, la espalda y las piernas hasta partírtelas sufren de una indefensión total.
Parcialidad de la magistrada que, por supuesto, debe ser un poco zorra al ponerse de parte del tío que se abalanzó contra otros para golpearles con la boca, la columna, las costillas y las piernas.
Y miles, millones de dudas acerca de la inocencia de unos rabiosos que se zafaron, como pudieron, de un tipo al que le sacaban dos cabezas cada uno.

Está cantado que no estamos tan bien iluminados como ese par de abogados defensores.
Atento a la historia, por si no te enteras: eran cinco animalitos de fábula que nunca pudieron hacer nada contra el evidente hijo bastardo de Rompetechos y Hulk.

El caso, me dice la chica, es que tuvimos suerte.

Entre estar ingresado, las rehabilitaciones, los psicólogos, abogados y juicio, tardamos años en pasar eso. Mis padres conocían a alguien que pudo demostrar que lo que alegaban, lo que para ti y para mí está claro como el agua, era un insulto.
Pero esa noche, los cabrones le pegaron una paliza a otros dos chicos que se les fue todo el dinero que tenían en pagar los hospitales.

Tres palizas en tres sitios distintos, defendidas con los mismos argumentos, con una sola sentencia que hiciera honor a la palabra justicia.

Nuestra suerte, recalca, fue estar en un buen momento económico y poder pagar lo que se nos vino encima.

La conversación sigue mientras bebemos un café cada vez más frío.
Mi conciencia, herida, concluye que Watchmen es la mejor referencia directa para una mierda de este calibre.

Situándose

Bueno, lo prometido es deuda. Aunque no tengo muy claro que sea el mejor momento, me he cansado de postergarlo.

Llevo meses escribiendo, aquí y allá, ocultando los escritos largos y colaborando con textos espontáneos o elaborados donde me recibieron. También han sido meses difíciles en los que no he tenido una conexión estable, algo que no debería ser tan problemático ahora, aunque las cosas no hayan cambiado demasiado.

Algunos de vosotros me hicistéis llegar al correo que no me preocupara, que fuera a mi rollo, que para qué pedía perdón por callarme. Me gustó leer eso, pero no me tranquilizaba en absoluto.
Me gusta escribir, comunicar, y no voy a dejar de hacerlo hasta que algo serio me lo impida. Afortunadamente, no creo que la situación que se avecina lo sea.

Así que pasado lo más complicado, ahora sí para largo, vengo a daros el coñazo después del temporal, mientras termina de dar coletazos.

¡Y con comentarios sin moderar!

Parece mal plan

El mundo de la informática, a día de hoy, sólo se puede comparar a dos sectores, y sólo si los miramos retrospectivamente: la prostitución y la albañilería.
Y a efectos prácticos, cada día más.

Tony, que no es muy dado a reproducir mensajes (que no a reproducirse, que por el momento tampoco), me ha enviado una cosica la mar de interesante sobre este asunto. No es suyo, pero si de alguien que no quiere seguir siendo tratado como un paleto o como una puta.

No voy a entrar a pormenorizar, porque el texto es claro y contundente. Doy por sentado que a la mayoría de mis lectores les traerá al fresco si lo enmarcamos sólo en lo informático, pero me parece bien estructurado y esclarecedor en lo tocante al Plan de Bolonia y a como, dentro y fuera del área profesional a la que me refiero, pretende replantear los planes de estudio superiores.

Hola a todos, esta creo que es la primera vez que envio un correo a todos mis contactos, no es algo que me gusta hacer y os pido perdón a todos porque es un poco largo y no me gusta molestar a la gente, pero creo que la importancia del tema lo requiere.

Como ya sabeis (todos me conoceis) soy Ingeniero en Informática, lo que probablemente no sabreis es los acontecimientos que están sucediendose con esta titulación en las últimas semanas con todo el tema del proceso de Bolonia.

El caso es que recientemente, se ELIMINÓ la Ingeniería en Informática de la lista de nuevos títulos de grado, algo tremendamente absurdo en un mundo en el que cada vez más todo se mueve mediante la informática. Probablemente la ciencia más prometedora y de más futuro de cuantas tenemos ahora y alguien, lamentablemente alguien que tiene el poder de tomar estas decisiones, ha decidido que no es necesario disponer de una titulación Universitaria de Ingeniería Informática.

Además de esto, el daño que se nos hace a los ya titulados es GRANDÍSIMO, puesto que al no existir una titulación nueva a la que "equipararnos" nos quedaremos con un bonito papel firmado por el ministro de educación colgado en la pared pero que NO SERVIRÁ PARA NADA, porque ahora las empresas, en lugar de requerir un Ingeniero en Informática para un puesto de trabajo tendrán que requerir un título de grado de otro tipo, que evidentemente no tendremos (si existiera un título de Grado en Informática SÍ que claramente se nos equipararía con este nuevo título).

El caso es que es una situación aberrante, además, se presentó una Proposición No de Ley en el Congredo de los Diputados solicitando la corrección de este agravio y la respuesta fue un rechazo, demostrandose una vez más que importa la propuesta, importa quien la propone y las ganas que tienen los políticos de un color de "jorobar" a los políticos del otro, sin importar quien caiga por el medio.

Este sábado 8 de Noviembre se reunen en Madrid el Consejo de Colegios Oficiales de Ingenieros en Informática de las diferentes regiones para debatir que medidas son las que podemos tomar. Por el momento, parece ser que lo que tiene más fuerza es una HUELGA el día 19 de Noviembre http://www.huelgainformatica.es con sus correspondientes movilizaciones. He de decir que nunca he creido ni en Huelgas ni en Manifestaciones, pero me encuentro en un punto de total indefensión ante las decisiones que toman en determinadas esferas, y creo que lo único que está en mi mano es secundar todas las iniciativas que se propongan, al menos así, si no conseguimos nada, al menos no tendré el cargo de conciencia de que no hicimos todo lo posible.

Algunos de vosotros sois compañeros de trabajo y de carrera, y os afecta directamente, otros no os dedicais a nada que se asemeje a esto, por eso, a vosotros, evidentemente no os pido que hagais huelga ni que metais ruido, eso es algo que tenemos que hacer nosotros, lo que sí que os pediría es que reenviarais este correo a todos vuestro contactos, y que ellos a su vez lo vuelvan a reenviar, se hace con cualquier correo de coña, así que espero que lo hagais por una gente que se está jugando su futuro profesional.

A los que sí que os dedicais a esto, os digo lo mismo que tengo puesto en mi Nick del MSN, "Ahora o nunca", hemos permitido que nos tomen el pelo demasiadas veces, que nos traten como titulados de segunda, pero si ahora permitimos que esto siga adelante sin hacer nada, lo perderemos todo, ya no podremos luchar por que nos den competencias profesionales porque no habrá una titulación oficial a la que asignarselas, no podremos competir de igual a igual con otros titulados superiores en una oferta de trabajo relacionado con la propia titulación que hemos estudiado, sencillamente porque ellos tendrán una titulación de grado que quizá no esté relacionada con la Informática pero nosotros sencillamente no tendremos NADA.

Ahora es el momento de plantarse. Si no lo hacemos ahora, dentro de 5 años probablemente no tendremos una profesión que defender.

Un saludo a todos.
Un Ingeniero en Informática.

Castañas con zumo

Sentada en la hierba, le dió un último sorbo al zumo. Jugueteaba con el envase, apartando las cáscaras de las castañas.
No queda nada, cariño. Frunció el ceño y exclamó en un grito, cerrando los ojos: Nada, nada, nada.
Enarcó las cejas y giró su cara, sorprendida.
¿Es la primera vez que te llamo así o es que se me olvidó la primera?

Él sonrió y se encogió de hombros, estirado en la hierba.

¿Sabes? ¡Buf!
Hizo un gesto como ese que solemos hacer cuando tenemos muchas cosas que explicar.
¿De verdad no te lo he contado? Conocí a un tipo, así a lo tonto. Es de por allí.

Arrancó una brizna y la miró, torciendo los labios en una mueca cínica.
Seguro que es un gilipollas.

Hum. Sólo a veces.

¡Encima es uno de ellos!
Enrolló el trozo vegetal entre sus dedos.

Pero vivo con eso.

Ese tío no te conviene. Te lo digo yo.
Esgrimió su pasatiempo tocando de color verde sus palabras.

Ella le restó importancia al asunto con un movimiento de hombros.
Nadie puede ser perfecto. Pero bueno, también lo acepto.

¿Encima? Seguro que es igual de pequeño que su alma. Tan cretino, estúpido, estulto e irracionalmente anormal como el resto.

El caso es que... Yo creo que tiene el alma tan grande que llega al otro lado.
Se quedó absorta por un momento y mirando al infinito concluyó que debía ser así.
Genialidad. Sí, eso es.
Extendió el brazo y tomó una medida con su propio cuerpo hasta un punto muy lejano que sólo ella conocía.
¡Y si fuera tan grande como su genio, llegaría hasta aquí!
Sonrió.
Entonces llegaría con sus manos e importaría muy, muy poco que estuviera tan lejos.
Trató de sorber un poco más de zumo, por si en los últimos minutos una máquina expendedora hubiera pasado a cambiarlo por uno nuevo.
Al principio me hacía gracia y me ponía un montón. Y buah, bueno, hay bastante gente que me pone un montón, tampoco es nada especialmente especial pero... ¿sabes? Tenía una lista de cuentas pendientes y tenía ganas de acabarla. Pero entonces, una noche estaba hablando con él y me dí cuenta de que no me ponía nadie más.
Se calló un instante.
Ni lista ni pollas.

¡Cuida esa lengua, pequeña!

Además resulta que tenía el cerebro más raro y maravilloso que he lamido jamás ¡Buah! Salían chispicas como... Hum... Los Peta-Zetas ¿Sabes lo que son?

¿Chisporroteantes?

Sonríe.
¡Sí!

Así era su cerebro al lamerlo y lo mejor es que hacía chisporrotear al mío, y es una mierda porque me enamoré de él perdidamente, con todas las letras, por primera vez en mi vida.

¿Incluída la uve doble?

Asintió con la cabeza.
Fue tan inesperado y genial, tan lógico, que no podía ser de otra manera.
Enmudeció mirándole, seria.
Joder, es la cosa más importante que tengo ahora en todo el mundo.
Sonrió otra vez.
Hace unos chistes muy malos. Pero que muy malos. Pero el simple hecho de que su mente logre crearlos me parece asombroso. Impresionante. Nunca se lo he dicho porque es que los chistes son muy, muy malos, añade. Pero es lo que hay.

Un rayo de luz rompió el cielo encapotado y aterrizó cerca de las cáscaras.

Cuando estoy con él, continuó, hay un hilo tan largo como su alma que une nuestros cerebros y es genial.
Tiene la mejor sonrisa que he visto en mi vida y logra que no me quite la mía ni cinco minutos al día.
Reparó en algo y miró a su compañero. Una rima.
Y joder. Joder, joder...
Se encoge y hunde su cara entre sus rodillas.

Él la abrazó sin que ella se pareciera percatarse.

He llorado por muchas razones. Por tristeza, dolor, de risa. Por mil cosas. Pero es la primera vez en mi vida que estoy a punto de llorar de felicidad.

Él la meció.

Y es que las castañas con zumo, a veces tienen esta clase de reacciones.

Alucinógenas.

Alucinantes.

Volviendo

Al principio es como si lo hubieras olvidado todo.

Titubeas y notas los latidos en la garganta.

No es volver a casa. Tampoco reencontrarte con amigos. Ni siquiera pagar una penitencia.
Esto es parecido a quedarte a medio camino entre la nada y el todo, sin ser ninguna de las dos cosas, dándote cuenta de lo cerca que has estado de estrellarte.

Suspiras y te arrancas.

Escribes una palabra lentamente, recordando a todas aquellas personas -y las que se te olvidarán-, sintiendo una mezcla de vergüenza y alivio.

He estado en otros sitios, que no inactivo.
¿Dentro de mí? ¿Ahí afuera? No sé deciros, ni decirme.
Pero no era donde debía estar.

Han sido muchos meses de silencio. Y posiblemente sigan otros pocos, de un día indeterminado a otro, después de publicar esto. ¿Por qué? Pues cosas de la vida, sin importancia ni relevancia real, no os penséis. Chorradas de dinero que se solucionan con el tiempo.

Así que supongo que antes de alargarlo más, aunque fuera un tiempecito, tenía que decirlo.

Perdón.
21 octubre 08 bajo ,
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