Hacktivate Your Mind ! v9.0

Cansancio

Hace un rato que le he echado la bronca por hacer una de esas tonterías que muchos jovenes practican y me ha dicho que le dejara en paz, que aún era un niño jugando a querer ser adulto.

Tomamos un café y él frunce el ceño. No soy como todos los idiotas de mi edad, tío, dice mientras abre con una mano su sobrecito de azúcar. He vivido mucho y demasiado rápido.
Ladeo un poco la cabeza, apartándome del humo de un cigarrillo y esbozo una sonrisa esquinada.
No es que hayas vivido de más, niño, pero sí es cierto que te has pegado tu tute. Nosotros, mal que nos pese o nos tengamos que alegrar, no somos como nuestros abuelos.
Parpadea y niega con la cabeza.
Sigo.
Ya sé que no son los mismos tiempos. También sé que ni tú ni yo parecemos de estos días, en los que los dementes de nuestra edad juegan a ver quién se mete más mierda en una noche para, al día siguiente, follarse a su churri en medio de la resaca. Pero no te engañes: no hemos pasado ni la mitad que los que nos llevan cuarenta y cincuenta años de ventaja.

Entonces, suena su teléfono móvil.
No tenían esa clase de comodidades. Ellos sí que estaban jodidos, pienso.
Responde.
¿Sí?
Sonrío.
¿Cómo que si he visto a papá? No, no lo he visto ¿por qué preguntas?
Cambia su gesto. Dejo mi café.
¿Qué? ¡¿Qué se yo!? Bueno, mira, tú tranquila, ahora le llamo y lo localizo, que además tenemos que quedar.
Trato de dilucidar qué pasa leyéndole los ojos.
Venga, mamá, más tarde nos vemos. Adiós.

Estoy hasta los huevos de mis padres, concluye.
Cuelga para volver a marcar.

¿Papá? ¿Dónde estás?
Odio cuando no me cuentan qué está pasando. Pero son sus cosas, así que esperaré.
Me acaba de llamar mamá. Dice que has vuelto a beber.

Y a veces odio enterarme de lo que sucede.

La siguiente hora es de las que siempre se deben los amigos. Tú explicas tus cosas. Yo te explico las mías. Intentamos arreglar -nuestro- mundo y al final, cada uno para su casa.
Nos despedimos en mitad del Paseo de Gràcia y me lo quedo mirando mientras se pierde entre la gente calle arriba, a paso ligero, con aire cansado.

Por una vez el Diablo, a pesar de ser viejo, no tenía razón.

Viajar

"Viaja todo lo que puedas y tan lejos como te sea posible. Viajar te permitirá ver que la vida tiene muchos ángulos y que existen cientos de enfoques para observar las mismas cosas. Si hay algo a lo que uno debería consagrar la vida es a viajar. Hubo un tiempo en que pensaba que viajar era una pérdida de tiempo: a la vuelta del viaje vuelves a estar en el mismo sitio y además tienes menos dinero. Estaba completamente equivocado: cuando regresas te encuentras en un lugar completamente diferente."
Extraído del par de consejos sin pretensiones. La mejor forma de definir el viajar.

Violet y Blue

Entonces lo comprendió.

Violet se sentía ahogar de tanto aire que cogía por la boca. Apoyó su cabeza sobre el respaldo del sofá y trató de mirar el techo a través del mar de estrellas rojas y blancas que inundaban su vista. Sentía la sangre correr por sus sienes mientras trataba de aferrarse a la realidad de la tela con sus manos huesudas.

Era todo tan sencillo que abrumaba.

Se había quedado blanco. Blue no sabía a donde mirar, así que fijó su vista al vacío mientras las lágrimas corrían por su cara. Estaba sentado con las manos flácidas entre sus piernas. El que no entendía qué pasaba ahora era él.
Pero estaba todo claro.

Durante más de dos años ella había estado buscando respuestas a la pregunta equivocada. Había recorrido su pasado buscando qué había hecho mal antes de verlo en la sala de parto. Pensaba que era imperfecta o que estaba tarada. Que sólo servía para dar vida a monstruos.
Era todo un puto espejismo.
No había nada tarado ni imperfecto salvo su prisma.

Había descargado todos sus fantasmas sobre el hijo que, a pesar de lo equivocado de su punto de vista, amaba. Sólo porque, para el resto del mundo, una criatura diferente por fuera era defectuosa de fábrica por dentro.

Que le jodan al mundo, dijo en susurro.

Porque ya no hay nada que pueda remediar el haber llamado a su hijo subnormal.


- - -
Otra vuelta de tuerca a la historia a la historia de la Bella y la Bestia.

Fragmentos

Hoy he paseado por esos almacenes.

Vi la mesa donde estuvieron, como testigos privilegiados, los azucarillos y el cuarto café de ese día.
No sabias mirarme a la cara sin sonreír.
Jugueteabas con tus manos, acariciándote la pulsera, repasando tus nudillos.
Te mordias los labios ligeramente.
Sabiéndonos ganadores, me acerqué.

¿Te acuerdas?

He cerrado los párpados capturando de nuevo mis segundos de entonces. Habría hecho lo mismo con los tuyos, pero no tengo derecho a agenciarme los de nadie. Sólo ocurre que estuvimos juntos en un trocito de Destino, diferente para cada uno.

Sonreí de repente, por ese buen momento.

La vida no es un total de épocas, sino un compendio de ratos, nuestros y de nadie más, en el que a veces en sus páginas abundan más los buenos que los malos, y viceversa.

Es de esas pequeñeces de las que surge nuestro guión que con el tiempo, se va complicando tanto que vamos arrancándole páginas enteras. Guardando fragmentos que nos engañan a veces empujándonos a lo que no queremos.
Como hoy, sonreír.
27 octubre 07 bajo ,

Maldita telefonía

En las últimas semanas estoy experimentando un problema con la telefonía móvil que me está sacando de quicio. El tema es el siguiente: Si me llamas, escuchas tono cuatro veces y te salta el buzón de voz. Esto no tendría mayor misterio si no fuera por los siguientes detalles:
a) No me aparece una llamada perdida en el display porque es que no llega hasta mí.
b) No me llegan mensajes del buzón de voz con el clásico "El número xxxxxxxxx ha realizado una llamada sin mensaje al buzón de voz."
c) Me llegan mensajes corruptos o en blanco.
d) Me pasa lo mismo con otra gente a la que llamo y encuentro las mismas historias.
He hecho pruebas con el móvil quitándole la batería, dejándolo funcionar sin 3G, vaciando las carpetas de mensajes y todo lo que se suele hacer. Pero nada, aunque esté en una zona en la que la cobertura es excelente, me sigue pasando.
Parece que tengo más problemas con móviles que no son de mi compañía, pero dentro de ella sólo se salvan dos o tres números de teléfono que no han encontrado dificultades en contactarme.

¿Problemas en las redes de las operadoras en Valencia, en mi móvil o pura interferencia espacial?

Algo me dice que es lo primero, pero ninguna compañía se ha mojado el culo para con su parte de responsabilidad.

Así que debe ser eso.

Nicotina Western

Son las cinco y media de la mañana.

En un pueblecito hecho con casitas de madera al pie del Himalaya, un perro emite un gemidito. Levanta su cabeza al despertarse de una pesadilla. El cielo oscuro comienza a perder consistencia. Una brisa helada recorre la avenida central del pueblo. Una puerta bate.

Son las seis menos veinticinco de la mañana.

Un gruñido desciende por la montaña. Con él, se recorta el perfil blanquecino contra la nieve de un ser alto con aspecto humanoide. Está recubierto de pelo, es feo, tiene una mirada primate, unas manos capaces de partir el cuello de un adulto con un chasqueo de dedos y unos pies torpes que caminan con la pesadez de los barriles.

Son las seis menos veinte de la mañana.

El pueblo está en silencio, tenso.
Todo el mundo lo sabe.
Ocurrió en el salón, anoche, mientras las botellas bailaban el cancán y el corbatín tocaba, impasible, su piano. El trapo dejó de limpiar los vasos. Los reyes, reinas e infantes dejaron las cartas de vaqueros sobre la mesa. Despacio.
Absolutamente todos miraron al centro de la sala, donde el abominable y el cilindro se miraban, impertérritos.
Todo el mundo lo sabe.
Porque fue entonces cuando se citaron en un breve intercambio de palabras, a oídas de todos. Ante la casa de la Estrella Del Sheriff.
Al amanecer.
A muerte.

Son las seis menos diez de la mañana.
Quedan doce minutos.

Unas botas humean. Nunca le gusta ir descalzo porque sostiene que sus pies son demasiado calientes y que la tierra le molesta. Su cara tostada, salpicada por marcas de viruela, se refleja en un espejo cochambroso mientras observa su torso pálido. Cicatrices de muchos otros duelos surcan su pecho e incluso un recuerdo en forma de tira vertical le recorre desde el cuello hasta las piernas. La vida nunca es sencilla cuando tienes un corazón de hierbajo. Aunque sea capaz de arderte en deseos por otro ser.
Se asoma a la ventana. Mira al cielo. Esquina una sonrisa y se yergue.
—Es la hora.
Y baja las escaleras de la pensión.

Son las seis en punto de la mañana.
Quedan dos minutos.

La figura blanca pelosa llega a la avenida principal del pueblo. Si girase su rostro para ver a su alrededor, se percataría de que en la oscuridad decenas de ojos brillan, expectantes. Demasiadas arañas. Pero mantiene la mirada recta, al frente, hasta encontrar la de su rival.
El Cilíndrico, como le llamaban, ya espera sereno a un lado de la casa de la Ley. Sale de sus pensamientos y mira al duelista. Un resplandor anaranjado parece iluminarle cuando se centra en la vía. Escupe al suelo y una bola de hierba reseca explica, pasando en un susurro por al lado, que aún hay brisa matinal.

Queda un minuto y quince segundos.

—Buenos dias, monstruo.
—Soy un mito, Cilíndrico. No podrás acabar conmigo.
—Eso ya lo veremos.

Quedan cincuenta y cinco segundos.

Cilíndrico levanta ligeramente la cabeza, observa el cielo y su inicio de clareo. Sus ojos se clavan en la figura que tiene frente a sí y dispara una sentencia:
—Uno de los dos sobra en esta cultura, forastero.

Quedan cuarenta segundos.

La bola de hierba seca se acerca al humanoide.

Treinta segundos.

Todo es tan tenso que un gato acaba de perder dos vidas.

Diez segundos.

Las botas humean mientras el portador suspira.

Cinco segundos.

Algo flota en el aire.

Dos segundos.

El humanoide tuerce la cabeza. Respira profundamente. Entonces abre bien los ojos rojos que acaban de descubrir el truco. Lleva sus manos al cuello, comienza a boquear queriendo capturar el aire que ya no respira. Ese maldito cilindro ha sido mucho más hábil. Le flaquean las piernas, la visión se le nubla por las lágrimas.
—Jue...go...ssscio...
Y alarga una mano de dorso albino en dirección a su contrincante, quien sonríe plácidamente mientras espira, abrazado por su humo dorado por el primer fulgor de la alborada.

Nueve segundos más tarde del romper del día, el cuerpo inerte de un abominable hombre de las nieves yace tirado en la tierra de un pueblecito a los pies de la sierra del Himalaya.
Ha muerto otra leyenda por la toxicidad del tabaco.


- - -

En este caso, las correcciones fueron básicamente un par de estilos sueltos, quité la referencia anacrónica de la cámara y pulí ligeramente el ritmo, para que la cadencia fuera ganando fuerza. También retoqué ligeramente el final para hacer que el guiño al tabaco fuera extensible a más mitos y leyendas.

El original
Son las cinco y media de la mañana.

En un pueblecito hecho con casitas de madera al pie de alguna de las muchas montañas del Himalaya, un perro emite un gemidito. Levanta su cabeza al despertarse de una pesadilla. El cielo oscuro comienza a perder consistencia. Una brisa helada recorre la avenida central del pueblo. Una puerta bate.

Son las seis menos veinticinco de la mañana.

Un gruñido desciende por la montaña. Con él, se recorta el perfil blanquecino contra la nieve de un ser alto con aspecto humanoide. Si la cámara se acerca, podremos ver como está recubierto de pelo, es feo, tiene una mirada primate, unas manos capaces de partir el cuello de un adulto con un chasqueo de dedos y unos pies torpes que caminan con la pesadez de la cordillera.

Son las seis menos veinte de la mañana.

El pueblo está en silencio, tenso.
Todo el mundo lo sabe.
Ocurrió en el salón, anoche, mientras las botellas bailaban el cancán y el corbatín tocaba, impasible, su piano. El trapo dejó de limpiar los vasos. Los reyes, reinas e infantes dejaron las cartas de vaqueros sobre la mesa, despacio. Y absolutamente todos miraron al centro de la sala, donde el abominable y el cilindro se miraban, impertérritos.
Todo el mundo lo sabe.
Porque entonces se citaron en un breve intercambio de palabras audible para todos. Ante la casa de la estrella. Al amanecer.
A muerte.

Son las seis menos diez de la mañana.
Quedan doce minutos.

Unas botas humean. Nunca le gusta ir descalzo, porque sostiene que sus pies son demasiado calientes y que la tierra le molesta. Su cara, tostada, salpicada por marcas de viruela, se refleja en un espejo cochambroso mientras observa su torso pálido. Cicatrices de muchos otros duelos surcan su pecho e incluso un recuerdo en forma de tira vertical le recorre desde el cuello hasta las piernas. La vida nunca es sencilla cuando tienes un corazón de hierbajo. Aunque sea capaz de arderte en deseos por otro ser.
Se asoma a la ventana. Mira al cielo. Esquina una sonrisa y se yergue.
—Es la hora.
Y baja las escaleras de la pensión.

Son las seis en punto de la mañana.
Quedan dos minutos.

La figura blanca pelosa llega a la avenida principal del pueblo. Si girase su rostro para ver a su alrededor, probablemente se percataría de que en la oscuridad decenas de ojos brillan, expectantes. Demasiadas arañas. Pero no, mantiene la mirada recta, al frente, hasta que encuentra a su rival.
El Cilíndrico, como le llamaban, ya espera sereno a un lado de la casa de la estrella. Sale de sus pensamientos y mira al duelista. Un resplandor anaranjado parece iluminarle cuando se centra en la vía. Escupe al suelo y una bola de hierba reseca explica, pasando en un susurro por al lado, que aún hay brisa matinal.

Queda un minuto y quince segundos.

—Buenos dias, monstruo.
—Soy un mito, Cilíndrico. No podrás acabar conmigo.
—Eso ya lo veremos.

Quedan cincuenta y cinco segundos.

Cilíndrico levanta ligeramente la cabeza, observa el cielo y su inicio de clareo. Entonces baja la mirada y dispara una sentencia:
—Uno de los dos sobra en esta cultura, forastero.

Quedan cuarenta segundos.

La bola de hierba seca se acerca al humanoide.

Treinta segundos.

Todo es tan tenso que un gato acaba de perder dos de sus vidas.
El ser peludo sonríe mostrando una dentadura impresionante.

Diez segundos.

Las botas humean mientras el portador suspira.

Cinco segundos.

Algo flota en el aire.

Dos segundos.

El humanoide tuerce la cabeza y respira profundamente. Entonces abre los ojos que acaban de descubrir el truco, se lleva las manos al cuello y comienza a boquear. Ese maldito Cilíndrico ha sido mucho más hábil. Le flaquean las piernas y los ojos se le nublan por las lágrimas.
—Ju...go...sss...cio...
Alarga una mano de dorso blanco y peloso en dirección a su contrincante, quien sonríe plácidamente mientras espira y es abrazado por el humo dorado al primer fulgor de la alborada.

Nueve segundos más tarde del romper del día, el cuerpo inerte de un abominable hombre de las nieves yace tirado en la tierra de un pueblecito a los pies de la sierra del Himalaya.
Muerta una leyenda por la toxicidad del tabaco.

Pan y queso

Miró las paredes de piedra y suspiró.
—¡Miguel, ven!
El nieto se llegó al lado del abuelo tras una de esas carreras que sólo los niños saben hacer. Puso sus manos sobre la madera rústica y observó al viejo con sus ojos claros.
—Siéntate, hijo.
—¿Me vas a contar una historia, abuelo?
—Hoy no. O igual sí. Pero primero, siéntate —dijo, moviendo un taburete.— ¡Que yo más que tu madre quiero que meriendes un poco!
—¿Entonces sí me vas a contar una?
El chiquillo se sentó mientras su abuelo parecía rebuscar las palabras en las estanterías sabias de su mente.
—Bueno, todo exilio tiene una historia.
—¿Exilio, abuelo?
—Sí ¿Sabes lo que es?
—Claro, abuelo ¡ya voy a sexto! Es cuando a una persona se la obliga a marcharse de su país ¿no?
El viejo asintió sonriendo.
—Pero no sólo eso. No sólo eso.
Alargó una mano y partió un trozo de pan. Despacio, lo levantó mientras buscaba con sus ojos esos otros, los de una generación nueva.
—También es el sitio donde alguien exiliado va a parar.
—¡Es verdad!
—El caso, hijo, es que un exilio comprende siempre una separación de un lugar. Quizá por ver la vida diferente a cómo la ven los que llevan un país o sólo porque uno necesita estar solo.
—¿Y quién querría estar solo, abuelo? No lo entiendo.
El chico contemplaba el trozo de pan más pequeño, pensativo, con un mohín de duda en la cara.
—¡Mucha gente, Miguel! A veces es la única forma de encontrarse. Es la gran aventura de enfrentarse al mundo con las manos vacias. A medida que alguien que emprende esa aventura va viviendo cosas, aprende cómo es al superarlas. Y al final, ya no es como cuando salió, sino alguien totalmente distinto.

El viejo se levantó un momento de la mesa, sonriendo, para recoger una forma de queso y cortar una porción. Giró sobre sí y miró a su nieto con el queso montado encima del pan abierto en dos.
—¿Dices como un poco de pan cuando le pones queso?
—Eso es, hijo. Tú lo has dicho.
La risa se apoderó del anciano y cerrando el tentempié, lo dejó frente al niño. El niño recogió el bocadillo. Tras darle un tiento sonrió entre satisfecho y aprobador.
—¡Qué personas más raras! ¿No crees, abuelo?
—Quizá, Miguel, quizá.
Un zumbido retronó en la cocina rompiendo la magia de un momento con sus silencios.
—Anda, hijo, ve a jugar.
—¡Vale!

Y antes de que hubiera terminado de decirlo, había desparecido por el umbral de la puerta. El abuelo, apoyado en la mesa, se quedó pensativo mirando el vacío. Pasaron unos instantes donde su mirada se apagó un poco y finalmente, musitó:
—Sólo nos llevamos lo que recordamos. Que no se te olvide.



- - -


El relato tiene dos correciones: la primera para darle un poco más de aire al niño y abuelo de lo que son: un niño y un abuelo; la segunda, es una reestructuración de algunas partes del relato que leídas en voz alta rompían el ritmo.

El original:
Miró las paredes de piedra y suspiró.
—¡Miguel, ven!
El nieto se llegó al lado del abuelo tras una de esas carreras que sólo los niños saben hacer. Puso sus manos sobre la madera rústica y observó al viejo con sus ojos claros.
—Siéntate, hijo.
—¿Me vas a contar una historia, abuelo?
—Hoy no. O igual sí. Pero primero, siéntate —dijo, moviendo un taburete.—¡Que yo más que tu madre quiero que meriendes un poco!
—¿Entonces sí me vas a contar una?
El chiquillo se sentó mientras su abuelo parecía rebuscar las palabras en las estanterías sabias de su mente.
—Bueno, todo exilio tiene una historia.
—¿Exilio, abuelo?
—Sí ¿Sabes lo que es?
—Claro, abuelo ¡ya voy a sexto! Es cuando a una persona se la obliga a marcharse de su país ¿no?
El viejo asintió sonriendo.
—Pero no sólo eso. No sólo eso.
Alargó una mano y partió un trozo de pan. Despacio, lo levantó mientras buscaba con sus ojos esos otros, los de una generación nueva.
—También es el sitio donde alguien exiliado va a parar.
—Oh. Claro.
—El caso, hijo, es que un exilio comprende siempre una separación de un sitio. Quizá por ver la vida diferente a cómo la ven los que llevan un país o sólo porque uno necesita estar solo y decide irse.
—¿Y quién querría estar solo, abuelo? —El chico contemplaba el trozo de pan más pequeño.—No lo entiendo.
—¡Ah, mucha gente! En ocasiones, es la única forma de encontrarse. Uno lo deja todo atrás para enfrentarse al mundo como si no tuviera nada. Y a medida que va viviendo cosas, va aprendiendo de sí mismo.

El viejo se levantó un momento de la mesa, sonriendo, para recoger una forma de queso y cortar una porción. Giró sobre sí y miró a su nieto con el queso montado encima del pan abierto en dos.
—¿Como un poco de pan cuando le pones queso y deja de ser solo un poco de pan?
La risa se apoderó del anciano y cerrando el tentempié, lo dejó frente al niño.
—Eso es.
—¡Qué personas más raras! ¿No crees, abuelo? Seguro que siempre olerán a rancio.
El niño recogió el bocadillo. Tras darle un tiento sonrió entre satisfecho y aprobador.
—Nunca se sabe, Miguel.
—¡Es verdad! El queso está bueno.
Un zumbido retronó en la cocina.
—Anda, hijo, ve a jugar.
—¡Vale!

Y antes de que hubiera terminado de decirlo, había desparecido por el umbral de la puerta. El abuelo, apoyado en la mesa, se quedó pensativo mirando el vacío. Su mirada se apagó por unos instantes. Al fin, musitó.
—Sólo nos llevamos lo que recordamos. Que no se te olvide.

8 citas que adivinar

A través del post Las 8 frases que más me gustan me llega una cadena de parte de JASP que, en contra de todo pronóstico y porque hoy se han juntado unos cuantos planetas en una alineación tres-cuatro-tres con un líbero dando por saco, voy a seguir.
En esta ocasión, voy a poner las ocho citas bien juntitas, en un solo bloque y os propongo el sano ejercicio de identificar de qué ocho cosas están sacadas. No será difícil, lo prometo.
Mi nombre es Íñigo Montoya. Tú mataste a mi padre. ¡Prepárate para morir! Si tomas la pastilla azul la historia termina. Despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creer. Si tomas la pastilla roja estarás en el País de las Maravillas y te enseñaré cómo de profunda es la madriguera del conejo. Recuerda que todo lo que te estoy ofreciendo es la verdad. Nada más. He visto cosas que vosotros no creeríais: atacar naves en llamas más allá de Orión, he visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. ¿Has oído un chiste tantas veces que olvidaste por qué te hacía gracia? Pero entonces lo oyes un día de nuevo y de repente te parece nuevo, y recuerdas por qué te encantó la primera vez. Uno cuenta sus historias tantas veces que llega a convertirse en ellas mismas; le sobreviven a uno. Y de esa manera, llega a ser inmortal. Somos una generacion de Hombres criados por mujeres, me pregunto si realmente otra mujer será la respuesta que necesitamos. ¡Buenos días, Princesa! Se llama Anarquía. ¡Y me ha enseñado que es mejor amante de lo que tu jamás fuiste! Me ha enseñado que la Justicia carece de sentido sin libertad. Es honesta, no rompe promesas como tu, Jezabel. Solía preguntarme por qué nunca me mirabas a los ojos. Ahora ya lo sé. Así que adiós, querida dama. Incluso ahora, me entristecería nuestra separación, si no fuera porque ya no eres la mujer que una vez amé. Yo he crecido cerca de las vías y por eso sé que la tristeza y la alegría viajan en el mismo tren ¿Quieres ver el mundo? Mira, esta debajo de tus pies.
Las reglas del asunto son las siguientes:
A. Cada jugador comienza con un listado de 8 cosas. Da igual las que sean, pero que sean 8.
B. Tienen que escribir esas 8 cosas en su blog y junto con las reglas del juego.
C. Tienen que seleccionar a 8 personas mas invitar a jugar y anotar sus nombres o el nombre de su blog.
D. No Olviden dejar un comentario en sus blogs respectivos de que han sido invitados a jugar, refiriendo al post de tu blog “EL JUEGO” o “El meme de las 8 cosas”.
Y se las chuto a Apokh, ALTraste, Dementia, Riva, Seifil, Sunaipa, Adhara y Togusa.

Y ahora ¡Adivinen!
10 octubre 07 bajo ,
¡Activa la conversación! [6]

Reflexiones animales

Primero quédate con este vídeo de un leopardo protegiendo la cría de un babuino hembra que acaba de matar (Via Diario de Nunca Jamás).
Luego, quédate con este otro vídeo de unas personas de buen corazón que enriquecen el mercado de las pieles.

Y cuando termines dime dónde está el animal irracional y despiadado.

Tres cosas

Me sacan de quicio sólo estas tres cosas:
El desorden que no es mi desorden.
La presión que no es mi presión.
La falta de los por qué.

Y sólo una de estas tres puede lograr hacerme enfadar de verdad, por muy cercano que seas.

¿Adivináis?

¡Tiempo!
29 septiembre 07 bajo ,
¡Activa la conversación! [5]
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